viernes, junio 14, 2024
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CITA A CIEGAS

Pasadas las elecciones, la despedida del gobierno de Alberto Fernández comenzará con la participación de Argentina en la cumbre del grupo BRICS, que se realizará en Sudáfrica entre el martes 22 y el jueves 24 de agosto. Será una instancia relevante en la que se discutirán dos cuestiones de interés de nuestro país: comercio e inversiones en monedas propias de los países que integran el grupo -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- y la ampliación de su membresía, incluyendo a Argentina.

La primera cuestión, respecto de la expansión del comercio y las inversiones en monedas propias, permitiría impulsar en alguna medida acuerdos como el swap con China, que ayudaron a administrar y postergar la urgencia de los vencimientos con el Fondo Monetario Internacional dando algo de aire a las negociaciones. Cualquier ampliación en las posibilidades de estos instrumentos -por ahora una mera especulación, tanto en su ocurrencia como en su alcance- supondría oportunidades adicionales para la Argentina que, como corresponde a la actual etapa de modificaciones geopolíticas, seguramente encontrarán resistencias en forma de sugerencias en la esquina opuesta, quizás con alguna zanahoria.

El segundo tema, la ampliación del grupo, es el de mayor interés concreto para el país, aunque su gestión reviste dificultades internas y externas. Entre las últimas, la cuestión más relevante es, como contó Nicolás Lantos la semana pasada, la señalización que acompañaría la ampliación del grupo. Junto con Argentina, aplicaron países como Bangladesh, Indonesia, Arabia Saudita, Egipto, incluso Nigeria y México, pero también otros como Irán, Venezuela y Nicaragua. Una ampliación del grupo que incluyera a Indonesia, Argentina y Arabia Saudita sería diferente de una que incluyera a Irán o la Nicaragua de Daniel Ortega.

La ampliación se hará, tal como fue anticipado oportunamente por #OffTheRecord, con un esquema diferente al que se utilizó al incorporar a Sudáfrica al bloque. No habrá BRICSA y los nuevos miembros serán incorporados con un estatus diferente del de los cinco miembros actuales, en un esquema de BRICS+. La extensión y el carácter de la ampliación aparecen en duda por la resistencia que comparten, con distintos modos y motivos, Brasil e India. Fuentes vinculadas a la negociación reprochan a la Cancillería un esfuerzo algo desganado en la búsqueda de destrabar el esquema de ingreso. El país asiático es el mayor patrocinador de la incorporación de Argentina, que permitiría un acceso automático al Centro de Innovación Tecnológica y, mucho más importante, al Nuevo Banco de Desarrollo.

El Banco, con sede en Shanghai y presidido por Dilma Rousseff, tiene la clave para destrabar el esquema de financiamiento de las exportaciones brasileñas acordado a principio de año, que permitiría aliviar las dificultades vinculadas a las reservas del Banco Central en el corto plazo. No sería el único financiamiento que se abriría con la membresía. Las ventajas de ingresar aparecen tan evidentes como las graves urgencias que atraviesa el país. Una vulnerabilidad que, como en cada discusión con cualquier actor de peso -occidental u oriental- disminuye los márgenes de autonomía y de planteo de condiciones propias, más allá de los méritos de cada coyuntura.

Mientras tanto, la pregunta que flota en el aire en todos los análisis previos a las elecciones sobre la medida de la abstención y el comportamiento de la masa de indecisos -tanto entre los distintos candidatos como en la decisión sobre si sufragar positivamente-, tal vez sea uno de los aspectos más determinantes para la performance electoral. En la última entrega de su newsletter en Cenital, Juan Elman conversó con la fundadora de Latinbarómetro, Marta Lagos, a razón de la publicación de su primer informe sobre percepciones democráticas desde la pandemia. La fotografía es sorprendentemente estática. El apoyo a la democracia es la opción preferida por casi la mitad de los encuestados, que la prefieren por un margen de tres a uno a los gobiernos autoritarios. El nivel se mantiene en mínimos históricos, pero no porque haya crecido la vocación autoritaria -que se mantiene similar desde el comienzo de las encuestas- sino porque una porción creciente -casi uno de cada tres latinoamericanos- sostienen que democracia y autoritarismo les dan lo mismo.

Esa prescindencia se corresponde con dos fenómenos interesantes que Lagos desarrolla a lo largo de la entrevista: la seguidilla de derrotas oficialistas en la región -la única excepción es Paraguay- y el éxito del presidente salvadoreño Nayib Bukele, cuyos niveles de autoritarismo y ocupación de las instituciones resulta irrelevante en relación a sus niveles de popularidad -los mayores para cualquier dirigente de cualquier país en 25 años. En cuanto a las violaciones a los derechos humanos derivadas del encarcelamiento masivo sin garantías de debido proceso, parece un precio digerible para los salvadoreños a cambio de las mejoras muy perceptibles en la seguridad urbana, con una dramática reducción de la tasa de homicidios, que supo ser la más alta del mundo.

En Argentina, claro, los problemas son otros. Los índices de homicidios rondan los mínimos de las últimas décadas. La inflación fuera de control, el largo estancamiento del crecimiento y los magros niveles salariales, fungen sin embargo de ordenador de las demandas y de la apatía de los argentinos. Si es posible pensar que quien los resuelva tendrá a su disposición una herramienta inigualable, también lo es que la ciudadanía puede aparecer permeable a recetas simplificadoras que tiendan a prescindir de la política, sus matices y sus representaciones de mayorías y minorías. Eso, entre otras cosas, se pone a consideración en las PASO del domingo, etapa que motivó el siguiente diálogo.

– ¿No tenés miedo que pase lo de 2019?

– En 2019 nosotros teníamos los mismos números que terminaron saliendo.

El intercambio ocurrió entre #OffTheRecord y uno de los principales estrategas de campaña de Unión por la Patria a partir de los sondeos que produjo el búnker oficialista en la última milla previa a las PASO. Para el peronismo, la suma de Sergio Massa y Juan Grabois oscilará entre 30 y 33 con El 23 entre 4 y 6 puntos, mientras que la suma de Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich pivotearía entre 33 y 36. Ese escenario de relativa paridad -si el margen de error beneficia a la oposición la diferencia podría ser, según esos mismos sondeos, de más de seis puntos- invoca el de hace cuatro años cuando varias consultoras veían un empate técnico que terminó en un contundente triunfo peronista. Hoy algunos temen esa ecuación en espejo producto de la situación cambiaria e inflacionaria.

“Con cualquier resultado vamos a decir ‘y sí: si a Massa le va bien, si a Massa le va mal, si Horacio le gana a Patricia o viceversa y si Milei hace una buena elección’”. La reflexión dentro de Juntos por el Cambio se aproxima al escenario de brújula desmagnetizada que impera en la mayoría de los espacios incluso sobre la interna en la oposición donde la confianza granítica del bullrichismo se fue en fade en los últimos diez días, aunque mantienen la versión del triunfo de la ex directora de seguridad de Hurlingham durante el mandato de Juanjo Álvarez: ¿por quién votaría Bullrich en la interna entre Juan Zabaleta y Damián Selci en su ex distrito? Álvarez, su ex jefe y hoy cercano a Sergio Massa, acompaña -junto con La Cámpora- la candidatura de Selci. La preocupación de los intendentes justicialistas la semantizó Juan José Mussi en una reunión de alcaldes la semana pasada: “En Berazategui la fórmula está en 43 puntos”. Se sumó Andrés Watson: “En Varela en 35”. De confirmarse esos guarismos, el peronismo va a tener que trabajar más de lo pensado para preservar la provincia de Buenos Aires. Excepto por la presencia de Javier Milei, el escenario nacional y bonaerense aparece (mucho) más similar a la elección de 2015 que a la de 2019.

En la oposición, las últimas semanas fueron mejor aprovechadas por Rodríguez Larreta mientras que Bullrich ocupó el tramo final en explicar que no iba a hacer un blindaje y que sabía que no había dólares apilados en la bóveda del BCRA. Además, la precandidata tuvo que moderar su discurso más rápido de lo previsto: del primer “todo o nada” quedó poco. El atributo fuerza, invocado persistentemente por Bullrich, en exceso, generó miedo. Lo empezó a percibir su equipo de campaña y solo de esa manera se explica el viraje al centro.

Del otro lado, H cosechó un tramo final que puede haber corregido los baches por las concurrentes en CABA y el fallido acuerdo con Juan Schiaretti. La condensación de esos dos modelos expuestos, piensan en el larretismo, fue la elección en Santa Fe donde quedó en evidencia la apuesta -a pequeña escala- de cada candidato. Aún así, para el jefe de Gobierno es clave la provincia de Buenos Aires. Allí se esperanzan con que Diego Santilli sumado a los intendentes y los sin tierra le den un boost adicional a Larreta para la pelea nacional. El territorio bonaerense es central para las aspiraciones de HRL porque allí debería descontar los muy buenos números que tiene Bullrich en Mendoza -donde también podría ganar Milei-, Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires. En el conurbano, Larreta se juega buena parte de su suerte electoral.

En JxC, sin distinciones internistas, ven un triunfo por alrededor de cinco puntos, pero con “un riesgo similar al 21: perder ganando”. En la mirada opositora, el peronismo logró una narrativa luego de la derrota en las elecciones de medio término que le permitió instalar una paridad que no se reflejó en los números a nivel nacional. Temen que se replique esa situación si Massa llega a ser el candidato más votado y Milei ocupa el segundo lugar. En cambio, si Juntos extiende la ventaja más cerca de 8 puntos y muestra una foto de unidad, se encaminaría a un triunfo en octubre. Es por eso que la foto del domingo a la noche va a ser el evento de campaña más importante hasta las generales.

Con todos esos predictores confusos, la amplitud térmica es total. Los pronósticos oscilan entre paridad y una diferencia irremontable a favor de la oposición, Milei como el candidato más votado o debajo de los 15 puntos, Bullrich atropellando a Larreta o paridad con una mayoría silenciosa beneficiando al jefe de Gobierno, Grabois en 3 o 7 puntos. La única sorpresa sería un holgado triunfo del oficialismo. Es una elección no solo sin precisión en los datos sino también sin diagnóstico. Si en la de 2019 había bronca, la presencia de Bullrich y la promesa de ajuste le sumó el condimento de miedo. Según un intendente que dialogó con #OffTheRecord “a la tropa propia no le entra lo de 2001, pero sí perfora la referencia a Macri porque todavía está fresca”.

Un estudio de la consultora Sentimientos públicos -que trabaja también en consumo masivo-, encuestó a 3.500 personas sobre las percepciones de la economía que son, indirectamente, las percepciones sobre el Estado. Ante la pregunta “¿En cuál de estas situaciones sentís de modo más claro la sensación de ‘crisis económica’?”, casi el 45% respondió “en el supermercado” mientras que un 30% dijo que lo notaba “al recortar gastos”. Del mismo universo, un 64.8% respondió que paga demasiado en impuestos. Sin embargo, más del 80% sostiene que las universidades públicas deben permanecer libres y gratuitas y más del 60% sostiene lo mismo sobre Aerolíneas Argentinas aunque una mayoría pide orientarla hacia la eficiencia. El rechazo a los planes sociales o el empleo público es coincidente en los principales sondeos de opinión pública y replica en los focus una conversación recurrente sobre uno de los mayores gastos arbitrarios del Estado:

-¿Cree que hay que recortar subsidios?

-Sí.

-Eso haría que pague más de luz y gas.

-Ah, entonces no.

La sociedad sostiene que el Estado gasta mucho. Ante la pregunta de si hay que recortar lo que genera ese déficit, la respuesta es de rechazo. Será uno de los principales desafíos que tenga la próxima administración. El subsidiado es el otro.

Iván Schargrodsky | Cenital

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