lunes, junio 17, 2024
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LAS URGENCIAS DE MILEI Y LA NAFTA DE LA INAGOTABLE PELEA PERONISTA

El presidente necesita una victoria en el Congreso antes del Pacto de Mayo. El tiempo de los gobernadores y la deuda que reclaman las provincias. Sin acuerdo sobre Ganancias y los puntos que los mandatarios quieren agregar al decálogo libertario. Refutaciones sobre la Corte.

“¿A cambio de qué? Migajas. Solo que los trolls de Milei no los maten en las redes”. Exagera, o eso parece, el funcionario provincial cuando pronostica que Javier Milei se encamina a lograr, sin demasiado ruido ni resistencia, la aprobación de la Ley Bases y más tarde la firma del Pacto de Mayo que, con invocaciones refundacionales, convocó para el 25 de ese mes en la provincia de Córdoba.

La proyección tiene un puñado de objeciones y un enorme deadline: en Casa Rosada admiten la urgencia por lograr que la parafernalia simbólica de Milei, hasta acá bastante eficaz en el registro público, se corone con la aprobación de uno –al menos– de los proyectos del menú libertario. Por eso aceptó desarmar y alivianar la Ley Bases de manera que se vuelva más digerible para el paladar de la oposición amigable.

“El gobierno tiene que demostrarle al poder económico y a los organismos que puede dominar el juego institucional. Por eso necesita que le aprueben algunas iniciativas”, apunta a Cenital un dirigente libertario. Con esa hoja de ruta, Martín Menem bosquejó una agenda legislativa osada que contempla tratar –y aprobar– la Ley Bases pocket en la tercera semana de abril. 

Antes debe terminar de integrar las comisiones –que lo haría entre el 8 y el 12– y ajustar una táctica parlamentaria para que el proyecto se liquide, de un solo tirón, en un mega plenario de comisiones. “Si no lo hacemos bien, vamos a estar un mes dando vueltas y Javier lo necesita antes”, apuntó una espada del Congreso. 

En la matemática legislativa, Milei solo acumula derrotas: tuvo que retirar el segmento fiscal, también borró capítulos enteros de la Ómnibus, luego levantó el resto del proyecto cuando se dio cuenta de que perdía la votación y más tarde el Senado le rechazó el DNU. Zafó de otro sablazo gracias a la UCR y los provinciales que evitaron que prospere una sesión convocada por el bloque de Miguel Pichetto para discutir una fórmula de actualización jubilatoria que al final tuvo que hacer por decreto.

El broche último depende de otra rosca: la negociación, hasta acá muy abstracta, con los gobernadores. Guillermo Francos y Nicolás Posse retomarán este jueves una postergada cumbre con los caciques de Juntos por el Cambio (JxC) luego de tener bilaterales con jefes provinciales como Rolando Figueroa (Neuquén) o Alberto Weretilneck (Río Negro).

Días atrás, en Salta, Francos se reunió con los gobernadores del Norte: les dejó una promesa y regresó optimista, en particular con la percepción sobre el tono no belicoso de Gerardo Zamora, de Santiago del Estero, que en Rosada ponían en el ala dura K. “No es Osvaldo Jaldo ni Raúl Jalil, pero no está pintado para la guerra”, dicen en Rosada, donde anotan con la categoría de peronistas libertarios a los gobernadores de Tucumán y Catamarca.

Frente a la demanda de las provincias para reactivar obras de infraestructura, partidas que el gobierno redujo en un 87%, Francos dijo que estudian retomar aquellas que estén cerca de terminarse, cuenten con financiamiento internacional y se juzguen prioritarias. Aunque el equilibrio fiscal que milita Luis Caputo no contemple esas distracciones, los gobernadores eligen creer en la palabra del ministro del Interior.

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El puzzle que arma la Casa Rosada no es, necesariamente, el que visualizan los gobernadores. En los últimos días, hubo diálogo entre mandatarios norteños y patagónicos para puntear temas para agregar al Pacto de Mayo. A los diez puntos que propuso Milei, las provincias quieren incorporar cuestiones referidas con la producción y las inversiones, que el decálogo libertario no incluyó.

En Córdoba, donde Martín Llaryora será anfitrión, coinciden con ese planteo. “Todos vemos el proyecto de Milei de generar una recesión fenomenal para frenar la inflación pero ¿alguien sabe qué plan tiene para que la economía vuelva a crecer?”, apunta un dirigente cordobés. La visita de Karina Milei a la provincia, en clave partidaria, tuvo un capítulo para discutir el formato y el escenario del Pacto de Mayo. Sobre esa ceremonia, hay un dato anexo para seguir: la posible reaparición de Juan Schiaretti con su receta federal y centrista.

Con el escudo que da tener una imagen positiva que ronda los 50 puntos, Milei inoculó en casi todo el scrum de gobernadores una postura: a ninguno le conviene salir a confrontar con el presidente, salvo que sea un movimiento de autodefensa como ocurrió con el chubutense Ignacio Torres por el recorte de fondos y con Axel Kicillof por el respaldo a la rebelión fiscal. 

Así como existe la certeza, verificada por las encuestas, de que aquellos que lo enfrentaron salieron malheridos –caso Llaryora o Torres–, hay coincidencia plena en el diagnóstico de que la fortaleza de Milei no será eterna. El hecho de que el gobierno opere, contra reloj, para lograr la aprobación de alguna de las leyes que quiere el oficialismo, es la admisión de que el modelo del guapo, que asusta a muchos dirigentes, no le alcanza a Milei para que le voten sus proyectos. 

Un estudio de la Universidad de San Andrés, sobre Satisfacción Política y Opinión Pública, –que como otras encuestas ubica la imagen positiva del libertario en el orden del 51%– ofrece un dato interesante sobre la convocatoria de Milei: solo el 16% cree que los gobernadores deben firmar el Pacto de Mayo que propuso el presidente, mientras que 51% sostiene que se debe discutir y negociar estar todos de acuerdo. Podría proyectarse en ese 16% el núcleo durísimo del mileismo, la mitad del 30% que lo votó en los tres turnos electorales del 2023.

El camino hacia el mayo cordobés se vuelve, por momentos, muy sinuoso. La decisión del Gobierno de frenar el envío de fondos para compensar las cajas previsionales de trece provincias que no las transfirieron a ANSeS, es una bomba de tiempo que, quizá, no tenga que apagar Milei: los incumplimientos terminarán en la Corte y habrá, tarde o temprano, fallos a favor de las provincias.

La maniobra de Milei, a propuesta de Ricardo Lorenzetti, para apurar la discusión en el máximo tribunal tuvo otro tropiezo: en la cima del poder libertario circuló la teoría de que Carlos Rosenkrantz, que conforma una alianza política con Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda, podría desmarcarse de esa alianza y convertirse en la llave para definir al presidente de la Corte que quedará a cargo desde el 1° de octubre próximo.

“Es una versión que hizo correr el cuarto integrante. Totalmente falsa: aunque no son una mayoría automática, porque muchas veces votan distinto, la relación política y personal entre los tres no se va a romper”, apuntó a Cenital una fuente cercanísima a Rosenkrantz. El cuarto es, claro está, Lorenzetti.

En paralelo, se acumulan otras deudas de Nación con las provincias que se estiman –sin computar las cajas previsionales– en casi 4.300 millones de pesos, por distintos renglones: desde el Pacto Fiscal incumplido por Impuestos al Cheque, compensación por la baja de Ganancias y, entre otros, ATN no distribuidos.

Así como Nación quiere eliminar las llamadas transferencias discrecionales –que en realidad son no automáticas pero están respaldadas por acuerdos o leyes–, las provincias quieren encontrar un punto de acuerdo para recuperar fondos adeudados.

En eso, la Ley Bases pocket y el Pacto de Mayo son casi simbólicos; lo importante es el paquete fiscal sobre el que no hay puntos de acuerdo entre los gobernadores, específicamente con el Impuesto a las Ganancias. Un gobernador hizo llegar la propuesta de elevar el piso a 1,5 millones de pesos y fijar un esquema progresivo que empiece con alícuotas bajas, pero no recibió una respuesta clara. “Milei gana tiempo que nosotros perdemos”, dicen en una provincia de la zona núcleo. Maximiliano Pullaro, de Santa Fe, mandó a decir que irá a la Justicia con una demanda por los fondos para la caja previsional de su provincia.

Sobre Pullaro opera, por momentos, como el vórtice donde todo confluye: Rosario, epicentro de la crisis narco, está en un proceso de cambio de hábitos –la actividad nocturna es mínima– inédito al menos en los últimos cuarenta años de democracia. La dimensión de la crisis hizo que el dirigente, que tiene una vice del PRO, se muestre con Axel Kicillof, que aportó patrullas para las tareas de prevención. Es un detalle que puede parecer menor pero no lo es: la oposición, casi sin matices, opera sobre la base de que el kirchnerismo es una mancha venenosa. Pullaro se atrevió a romper ese tabú.

Kicillof hace, a su vez, movimientos para salir de ecosistema K. Una magia difícil no solo por la tensión explícita con Máximo Kirchner sino porque un exceso de autonomía puede agudizar cierto malestar de Cristina Kirchner con el gobernador. El peronismo, en esa nueva etapa de despoder, agitó su inagotable interna. Es una mamushka de internas: Andrés ‘Cuervo’ Larroque ensayó, en teoría como autocrítica, la lectura de que la interna a cielo abierto del Frente de Todos (FdT) afectó la gobernabilidad. Eduardo ‘Wado’ De Pedro, en lo que pareció una respuesta, habló de que las críticas eran por la negación de Alberto Fernández y se aventuró con la metáfora de un viaje a Mar del Plata y la falta de nafta.

Si algo no le falta a la tirria interperonista es combustible. “No es que le faltó nafta: le rompieron el tanque”, apuntan en el PJ. Martín Guzmán, exministro de Economía, apareció en escena para cruzar a De Pedro y apuntar a su viejo rival en la interna frentetodista: Sergio Massa. “¿La nafta era más déficit fiscal con emisión monetaria?  ¿Una reducción de subsidios pro-ricos al consumo de energía para tener que financiar menos déficit con impuesto inflacionario anti-trabajador no era mejor combustible?”, tuiteó Guzmán en un ejercicio que apunta, más que nada, a disputar el registro histórico: mientras Cristina y Massa le atribuyen los fracasos, Guzmán invoca estadísticas para plantear que su bienio como ministro fue mejor que el bienio de Massa. 

Hubo un tiempo en que Guzmán y De Pedro salían, juntos, de gira por las provincias. La última actividad conjunta fue en Tucumán, donde participaron de un acto con militancia y el orador de cierre fue el entonces ministro de Economía. De regreso a Buenos Aires, a Guzmán le dijeron que no podía participar más de actos de ese tipo. Quizá por eso ahora es más sigiloso en sus reuniones con intendentes del sur y del norte del conurbano.

Pablo Ibáñez – Cenital

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