La media sanción de la Ley Bases y del paquete fiscal fue el primer logro de magnitud conseguido por el Gobierno. Ese triunfo no se obtuvo por obra y gracia de la estrategia confrontativa a la que suele apelar Javier Milei. Por el contrario, se logró gracias a extensas jornadas de negociación con la odiada «casta». La pregunta que subsiste es si, a la luz de los resultados, el uso de esta estrategia «old fashion» puede crear un nuevo sendero de gestión en el equipo de la Casa Rosada. El Ejecutivo considera que no hizo concesiones, sino que usó diferentes argumentos para que los legisladores se sumen a las «fuerzas del cielo». Los que levantaron la mano a favor ahora «la ven». La respuesta la veremos en los próximos quince días, cuando se perciba si el Senado se somete a los mecanismos de persuasión del oficialismo, o si el kirchnerismo hace gala de su poder y traba los dos proyectos desreguladores de Milei.
Veamos las luces de la semana.

Entre aquella orden presidencial dirigida a los legisladores de LLA para que retiren la primera versión de la Ley Bases con tal de no ver cómo continuaba su desguace en el recinto, a la directiva que le dio a su equipo de hacer lo que haga falta para conseguir la media sanción, pasaron cosas.
En primer lugar, funcionó la negociación con los interlocutores parlamentarios. Milei lo reconoció en su mensaje posterior a la votación: si los proyectos fueron aprobados fue por el disciplinamiento que aportó Gabriel Bornoroni, el cordobés que tomó la conducción del bloque de LLA y la muñeca que sumó Cristian Ritondo, el negociador del PRO. Pero el mayor mérito estuvo en el peronista no K Miguel Angel Pichetto y el radical Rodrigo de Loredo. Sus diputados fueron los que inclinaron la balanza. También fue efectivo el mecanismo de votar por capítulo que impuso Martín Menem, el titular de la Cámara baja. El contenido preciso de ambas leyes pasó casi a un segundo término. Lo relevante era que la administración libertaria consiguiera una señal de gobernabilidad.
Ahora viene el Senado, la verdadera pelea de fondo. Y el rol de Pichetto y De Loredo lo tendrán los gobernadores. Por eso veremos varias fotos en los próximos días, como la del tucumano Osvaldo Jaldo con Guillermo Francos, o la del secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, fimando una obra con el neuquino Rolo Figueroa y el chubutense Ignacio Torres (el rionegrino Alberto Weretilneck estuvo ausente con aviso).
Con el mismo propósito, los senadores que responden a Cristina Kirchner empezaron a alambrar su territorio. Apuestan a que los 33 legisladores que cuentan como propios se mantengan unidos en el rechazo a la Ley Bases y el paquete fiscal.
Todavía es temprano para ver detalles y opiniones sobre la letra de los proyectos (recordemos que los patagónicos se oponen a la restitución del Impuesto a las Ganancias). Pero en este punto hay que subrayar la sinceridad que mostró el ministro Luis Caputo cuando al defender la postergación de las actualizaciones tarifarias previstas para mayo, señaló que la prioridad era no castigar más a la clase media porque estamos «cómodos» en lo fiscal.
El término que usó es lo suficientemente elástico como para contener cualquier negociación con gobernadores que se muestren comprensivos con las leyes que están en el Senado. Tal como lo detalló Analía Argento en El Cronista, en Diputados hubo representantes de 18 provincias que votaron favorablemente la ley, aunque con diferentes puntos de disidencia parcial. Ese es el blanco sobre el que trabajaran Francos y Santiago Caputo, el asesor todoterreno del Presidente.
En esta estrategia negociadora ya comentada se inscribió la reunión de la ministra Sandra Pettovello y el secretario de Educación Carlos Torrendell para debatir cómo sigue el presupuesto universitario. Habrá que poner algún proyecto en agenda como para terminar de convencer a los radicales del Senado, en particular a Martín Lousteau. Estas «luces» todavía no aparecieron, pero ya se nota algún que otro destello.
El Gobierno decidió celebrar por anticipado la baja de la inflación. Lo hizo con la tercera reducción de la tasa de política monetaria en treinta días, que pasó de 60% a 50% anual. Para el equipo económico, esta señal es la forma de mostrar que el camino ya recorrido no es reversible. No le preocupa que baja la remuneración de los ahorros en pesos, porque entiende que quienes apostaron a la tasa le ganaron por lejos al dólar, que se redujo más de 30% desde el arranque del año.

Postergar el mecanismo de actualización de las tarifas de luz y gas resuelto hace menos de un mes, por más que persiga un propósito aceptable, abrió una extraña sensación en el mundo empresario. Los libertarios llegaron al gobierno con la idea de que a las empresas había que sacarles al Estado de encima para que puedan crecer. Lo que se hizo, sin embargo, fue lo contrario: el Estado cambió las reglas, del mismo modo que lo hizo con las compañías de medicina prepaga.
Caputo, en su defensa, dijo que no controla precios sino actitudes. Y por eso la decisión adoptada en el campo de la salud es contra la cartelización de los grandes jugadores. «No hacen lo mismo las petroleras?», dijo desde su lado de la batalla un empresario del sector de la salud.
El jueves se conoció la recaudación impositiva de abril, que mostró una variación de 239% anual, trece puntos por debajo de inflación estimada para el mes. Los gravámenes que más traccionan siguen siendo el impuesto PAIS y las retenciones, pese a que el aporte del agro está por debajo de lo esperado. Los impuestos ligados al consumo continúan rezagados, demostrando que todavía falta para ilusionarse con un rebote en V, como imagina el Presidente.

Si el primer blanco al que le apuntará el Gobierno en estos días es al Senado, el segundo es al campo. Las liquidaciones de soja a la tercera semana de abril estaban por debajo del mismo mes del 2023, año en el que la sequía destrozó las reservas del Banco Central y hundió la economía. Estaban en 26% de la cosecha, un punto por debajo de la misma estimación (hecha con la proporción de oleaginosa recolectada un año atrás). A esta altura del 2020, para tener una referencia «normal», los productores ya habían comprometido la comercialización de 41% de la cosecha proyectada.
Hay factores climáticos y de precios de los granos y la soja, pero también hay dudas sobre el sendero que deberá recorrer el tipo de cambio. «El campo espera otra devaluación», es el mensaje subyacente.
Caputo trató de ser explícito en la semana cuando remarcó que la apreciación cambiaria llegó para quedarse. Algo similar hizo el Presidente ayer al volver a cuestionar a los que hablan de atraso cambiario. Reconoció que la Argentina es un país caro en moneda extranjera, pero que hay que pensar en bajar costos a través de reformas fiscales y regulatorios, no por la vía del dólar.
El Gobierno se escuda en palabras mientras espera que los hechos pasen. Los agroexportadores hoy parecen difíciles de convencer. El paro de la CGT de la semana que viene también será un factor que pondrá a prueba la capacidad del Presidente para sostener el timón cuando el barco se sacude. Si el superávit fiscal ya no conmueve, Milei ahora quiere usar la inflación como meta. Primero pidió leyes. Ahora, hacer desde el Estado todo lo necesario para que bajen los precios. Extraña sintonía fina para un presidente liberal.
El Cronista
