El 2022 fue generoso con la Argentina, no cabe duda. Porque el repaso del año es tan largo e intenso, que la simple enumeración agobia. Resulta difícil aceptar que pasamos de momentos dramáticos (como el fin de semana en que el país no tuvo ministro de Economía) a momentos inesperadamente felices, como la locura colectiva que desató el triunfo en el Mundial de Qatar, con solo seis meses de diferencia.
Después de todo ese proceso, hoy el país está en un limbo extraño. Por un lado, la desaceleración de la inflación incorporó la sensación de que no es imposible aspirar a cierta normalidad (que en nuestro caso sería volver a una variación anual cercana a 30%). Pero al mismo tiempo, no borró la percepción de que la coyuntura que nos rodea es frágil, con lo cual cualquier viento puede hacerla tambalear.
El pasatiempo de los analistas en esta primera semana de enero fue (y lo seguirá siendo) tratar de anticipar cuál puede ser el próximo cisne negro de la economía (ese fenómeno inesperado que cambia todo). Para algunos, no hace falta ampliar demasiado la búsqueda: creen que la embestida oficial a la Corte Suprema puede transformarse en una crisis institucional.
Otros siguen mirando los riesgos del clima y los más temerosos ponen el ojo en China, el Covid y el freno que puede causar a la economía global. Todo esto sin olvidar que en febrero arranca el calendario electoral con primarias en La Pampa, en abril Neuquén elige gobernador y en ya junio hay que definir a los candidatos que irán a la PASO.
Veamos el semáforo.
Luz verde
El canje de deuda en pesos que lanzó Sergio Massa como primera actividad del año tuvo un resultado más que razonable: de los $ 4 billones que vencían en el primer trimestre, pudo postergar pagos por algo más de $ 3 billones. Si se considera que el sector público, tenedor de la mitad de los títulos, acató la directiva de refinanciar, significa que la mitad de los inversores privados aceptaron el menú propuesto.
El alivio es de corto plazo, desde ya, porque muchos de los instrumentos colocados mantienen su vencimiento dentro de 2023, y está claro que faltan otras condiciones macroeconómicas (incluso políticas) para que los plazos se alarguen y el financiamiento se despeje del todo. Pero al menos el paso dado permitió renovar el interés de los inversores por los títulos en pesos, sobre todo los que ajustan a tasa fija, ya que la baja de la inflación afecta a la curva CER y baja el atractivo de esos bonos.
El mundo financiero arrancó el año a favor. Por ahora. Los reportes de Wall Street indican que el período en el ajuste de la tasa de interés para contener la inflación quedó atrás. Y por eso lo que viene es un mercado más alcista que ya está mirando otra vez rendimientos razonables en mercados emergentes. Ese factor lo están sintiendo tanto los ADR argentinos como los bonos en dólares.
Otro dato positivo que asomó esta semana tiene que ver con el precio internacional de la energía. Los consultores especializados remarcaron que los valores actuales son menores a los de un año atrás, o sea que están al nivel previo a la invasión de Ucrania.
Con ese dato sobre la mesa, Ecolatina estimó que la balanza sectorial (el saldo de dólares que deriva de las compras y las exportaciones) seguirá siendo negativa , pero u$s 3000 millones menor a la de 2022, gracias a que habrá ventas al exterior de petróleo y gas 30% superiores en volúmenes, y una importación de GNL 30% inferior. Está claro que este supuesto incluye la terminación del bendito Gasoducto Néstor Kirchner a mediados de año, obra que permitirá abastecer de gas a la zona pampeana y en un futuro, a Brasil.
Es probable que esta cuenta haya influido también en otra decisión que por ahora tuvo menos eco: la Secretaría de Energía dispuso que el precio del gas que pagarán los consumidores en 2023 tendrá un solo aumento anual de 28% (las gasíferas reclamaron 60%).
El cálculo traduce, indirectamente, un pronóstico oficial: si el precio del gas al que venden las petroleras va a ser más barato, no hará falta incrementar tanto el margen de transportistas y distribuidoras para sostener su operación. Lo que surge en este caso es la intención de priorizar el índice de inflación. El gas tiene un precio único para todo el país, a diferencia de la electricidad, cuyo costo es diferente porque se compone de diferentes fuentes y valores.
Sobre el cierre del viernes, el Banco Central difundió el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que promedia las estimaciones macroeconómicas de más de cuarenta consultores y bancos. La corrección más visible fue en materia de inflación: un mes atrás, proyectaban para diciembre una suba de 6,3%. El dato fue corregido a 5,5%, ya que varios estudios la ubicaron incluso por debajo de 5%.
Luz amarilla
La martingala de los dólares va a ser la luz amarilla por excelencia de todo el verano. Las empresas ya no saben cómo planificar su operación, porque saben que la canilla que administra el equipo económico a través del SIRA está ligada 100% con este objetivo. Si falta se cierra, si hay excedentes se abre.
Los hombres de Massa sostienen un discurso tranquilizador. Aseguran que tienen varias cartas bajo la manga, pero no muestran demasiado. El mercado, en consecuencia, apuesta a menos. En ese tira y afloje, el sector privado enciende alarmas porque plantea que no puede cumplir el plan Precios Justos (que además de un congelamiento de precios, implica un abastecimiento de productos a nivel nacional) si no tiene los insumos importados necesarios para producir. Como señaló el jueves El Cronista, varios fabricantes están aprovechando esta escasez para adelantar paradas técnicas de sus plantas y vacaciones de personal, a la espera de que en algún momento aparezcan más dólares.
El dólar soja sirvió para adelantar liquidaciones, pero no sumó volumen. Con lo cual parte de los dólares de marzo/abril seguirán dependiendo del impacto del clima en el rendimiento de los cultivos. Según el último reporte de la Bolsa de Cereales, solo se cubrió hasta ahora 72% del área proyectada para la soja. La ventana de siembra en la zona central puede terminarse dentro de 15 días si no hay precipitaciones que permitan completar este proceso. El maíz tiene una demora menor a 10% y la cosecha de trigo, por fortuna, ya está por encima de 90%.
Aunque ayer en Rosario los precios tuvieron una leve recuperación, en Chicago la soja cotizó esta semana a su valor mínimo en un año. Hay dos factores que contribuyen a este descenso. El más cercano es la excelente cosecha que va a tener Brasil, que obviamente empuja al precio a la baja porque garantiza que habrá oferta. El otro es el cuadro sanitario en China: no hay muchas certezas de cómo progresará el Covid (aunque su ritmo actual ya es alarmante) y cómo impactará eso en la demanda. Si el precio no cayó más es por la sequía argentina, ya que si hay menor producto local el valor global sube (en este caso, deja de caer). A primera vista, lo que se puede concluir es que será difícil que se reproduzca el escenario del 2022, en el que la sequía fue compensada por los precios.
Luz roja
El juicio político a la Corte Suprema de Justicia aparece, para varios analistas y empresarios, como un conflicto con capacidad de desarticular el escenario de normalización de la economía. Así lo planteó ayer el Foro de Convergencia Empresaria (entidad que agrupa a varias decenas de cámaras e instituciones representativas del sector privado). Su capacidad de daño no está tanto en el resultado final de la iniciativa, sino en la repercusión que genera la ofensiva. A nivel global, es como si un alcohólico recayera en el vicio.
A un inversor extranjero no le cierra que el mismo gobierno que quiere promover inversiones, torpedee al poder que tiene que actuar como garante. Y que en el mismo acto, pueda causar una parálisis del Congreso, la institución que debe sancionar leyes que reclama su ministro de Economía.
A nivel local, aparece una percepción distinta. El precio de los activos financieros no se reaccionó del mismo modo cuando el presidente Alberto Fernández decidió avanzar con esta idea, más allá de que todos los conteos indican que no tendrá los votos para ir contra los jueces del máximo tribunal. Es más, el hecho de que 14 gobernadores se pronunciaran contra el fallo de la Corte que favoreció a la Ciudad y solo 11 apoyaran el juicio, no fue un buen dato para el Presidente. Por eso decidió armar reuniones en Chapadmalal el fin de semana con algunos de los díscolos, con la intención de sumar alguna voluntad más. Aunque parezca extraño, un voto que reforzó su posición es el del flamante jefe de asesores, Antonio Aracre, ex CEO de Sygenta. El empresario dijo a la prensa que el fallo será acatado con bonos y el que el pleito abierto con los jueces es un conflicto que no tiene por qué obturar oportunidades de negocios para el sector privado.
¿Peligran las leyes que quiere impulsar Sergio Massa, particularmente el blanqueo de capitales? En la visión de la oposición, si, porque todo entra en la misma mesa de negociación. El equipo económico parece tener otra visión, y por eso no deja de trabajar en un plan destinado a generar los recursos necesarios para «pagar» el fallo. Aunque los legisladores de la Comisión de Juicio Político que responden a Massa dejaron trascender que no bloquearán el dictamen, hasta ahora no hicieron un pronunciamiento explícito de apoyo. Incluso hubo un dato de las últimas horas que resultó sugestivo: el sucesor de Rodolfo Gabrielli como presidente de la Casa de Moneda es Angel Mario Elettore, exministro de Finanzas de Córdoba durante las gestiones de José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti, justamente uno de los gobernadores distantes del FdT que no apoya la ofensiva sobre los integrantes del máximo tribunal.
Una vez más, como dice Pablo Gerchunoff, «la moneda está en el aire».
El Cronista
