El análisis de tres referentes que conocen muy bien los dos países más grandes de la región. Las sorpresas de la campaña. El rol de Estados Unidos y lo que puede cambiar del tablero regional.
Lo dijo un brasileño pero toda la dirigencia argentina está de acuerdo. En esto no hay grieta. “Después de la elección de Brasil, la de Argentina es la más importante de América Latina”, sostuvo Emir Sader en charla con Tiempo desde San Pablo. La frase del analista, allegado histórico de Luiz Inácio Lula da Silva, reflejó la expectativa que hay en este lugar del mundo. El proceso electoral del país más grande de Sudamérica es seguido con enorme interés por la política local. En primer lugar, por el mileísmo más sus socios. Pero lo mismo ocurre con su reverso: el arco opositor que va creciendo alrededor del PJ.
Todos -lo expliciten o no- descuentan que el resultado de Brasil será un factor a tener en cuenta en la puja por suceder a Javier Milei; un indicador del viento de época en la disputa entre continuidad o alternancia.
Los principales actores políticos de Argentina siguieron con atención toda la campaña brasileña, con el duelo de fondo entre Lula y el senador por Río de Janeiro Flávio Bolsonaro (Partido Liberal). El propio Milei viajó a San Pablo hace más de dos meses para estar presente en la convención nacional del PL. Allí se proclamó la candidatura de Bolsonaro, el mayor de los cinco hijos del excapitán del Ejército que fue presidente y que hoy está preso.
En cambio, desde el peronismo y buena parte de la oposición a Milei hubo un apoyo explícito a Lula. Lo consideran uno de los líderes más importantes de América latina en lo que va del siglo XXI.
Visto desde Argentina, el seguimiento de la pelea de Brasil incluye otra variable: la acción diplomática y de hostigamiento de Estados Unidos, que en estos años asumió una cara ruda, explícita, hasta brutal, como parte de su repliegue al hemisferio. De todos modos, a pesar de las acciones de represalia comercial ensayadas contra Lula, el mandatario brasileño viajó a Washington con cinco ministros de su Gabinete. Fue recibido por Trump en el Salón Oval.
Tuvieron una reunión de 90 minutos y luego compartieron un almuerzo con sus comitivas en otro salón de la Casa Blanca. La cumbre tuvo lugar a principios de mayo.
Para oficialistas y opositores argentinos, la competencia entre Lula y Bolsonaro dejó algunas enseñanzas (aunque no se las reconozca así). En los 50 días que duró la competencia por atraer el respaldo de los 158 millones de brasileños habilitados para votar se sucedieron escándalos judiciales, revelaciones periodísticas y acciones de «inteligencia»; también polémicas ligadas a la religiosidad popular que movilizaron a los cultos católico y evangélico.
“Un diputado bolsonarista dijo que, si ellos ganan, Nuestra Señora Aparecida, a la que mucha gente adora, dejaría de ser la patrona de Brasil”, dijo Sader a este diario. La versión, ratificada y desmentida desde ambos campamentos, activó emociones e identidades.
Filósofo y doctor en Ciencias Políticas, Sader suele decir que tiene “lazos de amor y sangre” con la Argentina: en 1976 su pareja, la brasileña María Regina Marcondes Pinto, cercana al MIR chileno, fue secuestrada en Buenos Aires por los grupos de tareas de la dictadura como parte del Plan Cóndór. Tenía 29 años. Sigue desparecida.
En la recta final de la campaña Lula tomó decisiones que impactaron sobre el bolsillo; sobre la situación económica más inmediata (lo que en Argentina reciente comenzó a llamarse “el metro cuadrado”). Aumentó un 15% el importe de la «Bolsa Familia», el programa de transferencias directa creado para combatir el hambre. Además, anunció la prohibición total de las apuestas deportivas online (bets, que aportan un financiamiento para clubes como el Flamengo).
Lo mismo hizo con la ampliación del programa de alivio (Desenrola Brasil) para la morosidad en las deudas de familias e individuos. Más allá del boom de las apuestas electrónicas, el gigante de Sudamérica tiene una larga tradición en una lotería muy popular pero clandestina con mucho arraigo en las favelas: se la conoce como jogo do bicho y está basada en números asociados a animales.
Como suele suceder ante elecciones tan relevantes, legisladores argentinos -parlamentarios del Mercosur, diputados nacionales- viajaron hace unos días a San Pablo para seguir la elección desde la ciudad más poblada de Brasil. Algunos de ellos participaron de la caravana de cierre de campaña de Lula, que ocupó buena parte de la tradicional avenida Paulista.
Una de las preocupaciones que captó la delegación argentina está ligada a la posibilidad de que haya un intento de manipulación electrónica que afecte el recuento de los votos.
Conocedor como pocos de la política brasileña, el abogado y licenciado en Relaciones Internacionales Juan Pablo Lohlé, evaluó los últimos dos meses como “una campaña atípica” y “con bastantes anomalías”. “Pasó de todo: la corrupción en escena con (Daniel) Vorcaro y compañía (por el vaciamiento y fraude masivo del Banco Master, NdR), que abarcaba tanto a un lado como a otro. Después el tema de Alexandre de Moraes discutiendo los contratos del estudio de su esposa con Vorcaro. También la falta de debate”, repasó.
Lohlé se desempeñó como embajador en Brasilia entre 2003 y 2011.
Consultado por Tiempo sobre el rol de Trump en estos comicios, Lohlé buscó matizar y mencionó dos probables efectos simultáneos, que sonaron paradójicos. “Yo creo que (la injerencia de EE UU) puede consolidar un poco el voto de Bolsonaro pero también puede generarle un rechazo con un voto más soberano y nacionalista a favor de Lula”, vaticinó. Por otro lado, recordó la recepción a Lula por parte de Trump a principios de mayo.
“Una nueva señal de que Brasil es importante para EE UU”, subrayó Lohlé, y agregó que a Milei “nunca le dieron una visita” de ese tipo pese a sus numerosos viajes a Washington, Miami, Nueva York y la meca trumpista de Mar-a-Lago.
Otra lectura que hizo foco en el realismo fue la del legislador del Parlasur Gabriel Fuks. En diálogo con este diario, planteó que el mandatario brasileño se inclina por entablar relaciones pragmáticas cuando se trata de una contraparte “desigual”, como los EE UU de Trump. “Lula se plantea una razón pragmática. Expresa una defensa de la soberanía. Y lo que está haciendo es resistir los embates: plantarse frente a los desafíos desde un punto de vista soberano, que es lo que tendría que hacer cualquiera. Pero Lula evita que escale la confrontación, porque es una confrontación desigual”, remarcó.
Fuks añadió que el Brasil de Lula se asume “un poco como el contrapeso ideológico de la región”. Y destacó que la administración lulista logró “resistir muy fuertemente» todas las embestidas que motorizó el secretario de Estado Marco Rubio. Esa ofensiva, recordó, incluyó medidas “a nivel arancelario” pero también acusaciones al Supremo Tribunal Federal (STF), la Corte brasileña.
“Hasta cuestionaron el mecanismo de pagos que acá usa todo el mundo, el PIX (sistema de pagos instantáneo creado por el Banco do Brasil, NdR). Además, hay que tener en cuenta que Eduardo Bolsonaro (hermano de Flavio) es casi parte del Gabinete de Rubio”, insistió el parlamentario.
La lupa, está claro, está puesta sobre lo que ocurra este domingo y sobre la probable definición en el balotaje del 25 de octubre.
“Lula construyó un gobierno con un sector muy importante del Centrao (partidos del centro-centroderecha). Su gobierno ha sido de ‘ampliación’ de la coalición y esa ampliación, justamente, fue lo que le permitió resistir todos los embates”, completó Fuks, en lo que pareció un mensaje cifrado con recomendaciones para la Argentina del futuro, del futuro cercano.
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