domingo, mayo 29, 2022
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CHOCOLATES PATAGÓNICOS

Con un perfil relativamente bajo, llegó ayer a la Argentina la militar estadounidense de mayor rango encargada de América del Sur, América Central y el Caribe. La generala Laura Richardson es la primera mujer en ocupar el cargo de mayor responsabilidad en el Comando Sur -uno de los once comandos de combate unificados que componen las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos- y la única en liderar una de las siete unidades encargadas de un área geográfica. De no mediar ninguna sorpresa, el encuentro de alto impacto político anticipado por #OffTheRecord entre Richardson y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner tendrá lugar esta semana.

Richardson fue nominada por la Administración Biden y confirmada por el Senado para ocupar su cargo en el Comando Sur en noviembre de 2021. A diferencia de su antecesor, Craig Faller, que había enfrentado en sus audiencias de confirmación algunos cuestionamientos del ala más progresista del Partido Demócrata por haber tomado parte en eventos del contratista Glenn Francis -condenado luego de aquellos eventos por sobornos-, Richardson fue confirmada por unanimidad y no tuvo inconvenientes en su audiencia ante el Congreso. Su promoción, junto a la de la generala Jacqueline Van Ovost, debió ser pospuesta porque ni el entonces secretario de Defensa, Mark Esper, ni su jefe de Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, podían garantizar que el ex-presidente Donald Trump no impidiera su ascenso por su condición de mujer. Quizás parte del temprano interés que su figura despertó en la vicepresidenta se encuentre en las particularidades de su historia personal. Según pudo averiguar #OffTheRecord, las conversaciones para materializar el encuentro que se concretará en estos días proviene al menos de abril del año pasado, cuando el entonces ministro de Defensa, Agustín Rossi, recibió a su antecesor en el edificio Libertador. Faller le adelantó, en esa gira que ofició de despedida, quién sería su reemplazo.

En tiempos en que la guerra en Ucrania acapara todos los titulares en los medios de comunicación y las declaraciones públicas de los líderes occidentales apuntan al presidente ruso, Vladimir Putin, la prioridad de la generala Richardson está en la competencia con China. La toma de postura que los jefes de los comandos de combate unificados realizan ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Congreso resulta valiosa para obtener una idea detallada tanto de las principales cuestiones de preocupación de la dirección del Comando Sur como de la prelación asignada a cada una de ellas y los lugares y modos en que dichas cuestiones se expresan.

La primera de importancia es que prevalece la continuidad. Si en su última visita y reunión con miembros del gobierno argentino, Faller se presentó con una agenda centrada en China como el tema de agenda militar excluyente para la unidad que encabezaba, Richardson presentará a Jorge Taiana las mismas preocupaciones. En la toma de postura ante el comité legislativo el último 24 de marzo, un mes después de producida la invasión a Ucrania por parte de Rusia, las únicas menciones a nuestro país recogidas oficialmente atañen a los proyectos de cooperación existente entre la Argentina y la República Popular China.

La curiosa transparencia con la que los Estados Unidos publica sus documentos y testimonios estratégicos en materia de defensa permite presumir también cuáles serán las cuestiones que abordará como parte de su agenda de prioridades. La presencia de China es caracterizada como la amenaza de primer orden en la región que, con cierto desprecio por la geografía, llaman “el hemisferio occidental”. La postura acusa a China de querer transformar el orden internacional. Una forma no especialmente elegante de decir que el país asiático busca disputar la hegemonía estadounidense.

En ese marco, el financiamiento de obras de infraestructura y el endeudamiento subsecuente aparecen como un punto de cuidado excluyente. En su presentación, Richardson señaló que 21 de los 31 países de la región integran la iniciativa de la Franja y la Ruta. Argentina es el último de ellos en suscribir el memorando con las autoridades orientales y, de ocho obras de infraestructura financiadas por China que Richardson mencionó al Congreso, tres se emplazan o emplazarán en la Argentina -incluida la planta nuclear sobre la cual las autoridades nucleares estadounidenses advirtieron en su reciente visita al país. Otras dos cuestiones planteadas en el documento publicado sobre la postura en relación a China merecen ser resaltadas. La “lucha contra la corrupción” tiene para la autoridad del Comando Sur un carácter estratégico, ya que acusan a China de utilizar medios ilícitos para participar en obras en los países de la región. Las suspicacias sobre una posible intervención extranjera en el impulso de las numerosas -y muchas veces irregulares- causas judiciales existentes contra dirigentes políticos podrían sin dudas alimentarse al leer la postura.

La otra cuestión relevante es que Estados Unidos reconoce el rol del endeudamiento en el condicionamiento de los países. No muy sorpresivamente, sin embargo, el criterio de la deuda como generadora de relaciones de sujeción sólo aplicaría cuando el acreedor es China. Respecto de la Argentina en particular, Richardson destacó al estrecho de Magallanes y el acceso a la Antártida como áreas estratégicas e indicó un posible establecimiento portuario construido por China en Ushuaia como posible fuente de preocupación. No es novedad: es la misma inquietud que le trasladó Faller a Rossi en su gira despedida. El ex titular del Comando Sur incluso viajó hasta el lugar. En aquel momento, el ministro le aseguró: “La base va a ser nuestra, de nadie más”. Sería la base naval más austral del mundo. El otro espacio que fue señalado expresamente fue la base de observación espacial de fines civiles ubicada en Neuquén que, de acuerdo a la postura, estaría operada principalmente por militares y sería capaz de apuntar a objetivos satelitales estadounidenses.

En cuanto a las restantes amenazas, son vistas como importantes, pero de segundo orden. El informe identifica a Rusia, Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua, la Covid-19, las organizaciones criminales transnacionales y el cambio climático. A pesar de los dichos del presidente Fernández sobre la puerta de entrada a América Latina, la Argentina no aparece mencionada en el relato sobre el posible incremento de la actividad militar rusa en la región. Entre los que mantienen acuerdos con Rusia considerados militarmente preocupantes, sin embargo, aparece mencionado una vez, casi al pasar, junto a Nicaragua, Cuba y Venezuela, el Brasil de Jair Bolsonaro. Por lo demás resulta ilustrativo sobre las prioridades, la tapa de la reciente primera edición en castellano de la revista de la Fuerza Aérea de Estados Unidos: los tres artículos destacados en primer lugar hablan sobre China.

La mirada de Richardson sobre la región está alineada con quienes destacan la necesidad de mayor cooperación en todos los ámbitos. La titular del Comando Sur subrayó en su presentación al Congreso la enorme desproporción entre los financiamientos y asistencias proporcionadas por su país y las proporcionadas por China, cuya proyección de fondos en la región calculó en 72 mil millones de dólares para el período 2017–2021 entre comprometidos y efectivizados. El Comando Sur es, materialmente, débil. No dispone de por sí de recursos para cooperar ni para interferir por sí mismo eficazmente en la región. Para muestra, basta un ejemplo. El Comando recibió apenas el 1% de las asignaciones del Pentágono destinadas a la recolección de inteligencia a nivel global. Su valor, en cambio, radica en ser la manifestación territorial en la región del Departamento de Defensa. Por ello, más que las donaciones que sirvan de excusa a la visita, será de importancia comprobar si Richardson logra mostrar avances en el compromiso que manifestó en su audiencia de confirmación: un “enfoque de todo el gobierno” para ayudar a Argentina a adquirir aviones de combate de fabricación occidental -se habla de F-16 estadounidenses- para modernizar y equipar adecuadamente su flota. La democracia argentina choca con el veto y bloqueo que, desde la Guerra de Malvinas, mantiene sobre el país el Reino Unido.

La mirada cooperativa podría encontrar coincidencias con los reclamos que Néstor Kirchner hiciera en la Cumbre de Monterrey en 2004 a George W. Bush sobre la necesidad de un Plan Marshall para la región, una idea que CFK retomó en 2009 ante un recientemente electo Barack Obama en la Cumbre de Trinidad y Tobago. Néstor Kirchner terminaría rompiendo puentes al año siguiente en la Cumbre Mar del Plata, mientras que el último mandato de CFK llevaría la relación bilateral a su peor momento desde el regreso de la democracia. El reciente encuentro de la vicepresidenta con el embajador Marc Stanley -donde terminó de definirse la visita y el mitin con Richardson- y la reunión que realizará con la jefa del Comando Sur parecen indicar una intención de resetear las relaciones con los Estados Unidos del espacio político que ella encabeza o bien testear hasta dónde existe un veto del país gobernado por Joe Biden con las alianzas de la región.

No es de esperar que CFK esquive plantear cuestiones espinosas, y, a juzgar por su propio -y breve- relato de la reunión con Stanley, posiblemente luego las resalte. Pero el interés mismo en celebrar un encuentro con una jefa militar estadounidense -un estigma para cierta izquierda latinoamericana- así como antes el señalamiento sobre las posibles coincidencias de miradas con Stanley y el país que representa, dan cuenta tanto de una mirada pragmática, alejada del ideologismo ciego que le imputan sus detractores internos y externos, como de una revisión del resultado de lo actuado durante sus últimos cuatro años de gobierno.

Cuando CFK reciba a Richardson, su principal alfil en el gobierno nacional, el ministro del Interior, Wado de Pedro, estará finalizando una gira en Israel surgida del deseo de aprender e imitar la experiencia del país que cuadruplicó la superficie productiva y multiplicó por 20 su producción. Si es de indudable importancia para las provincias la celebración de convenios con Mekorot, la compañía nacional de aguas de aquel país, para potenciar los sistemas de riego y las capacidades de los suelos, es inconcebible pensar una visita a Israel desprovista de sentido político. A De Pedro tampoco se le escapa el significado y mantuvo tres reuniones de altísimo nivel, con su par Ayeled Shaked, figura del partido del actual Primer Ministro Naftalí Bennett; el ministro de Justicia, Gideon Sa’ar, y el de Relaciones Exteriores y próximo primer ministro, Yair Lapid.

Iván Schargrodsky | Cenital

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