Si retrocedés hasta 2023 (te invito a probarlo, es cuestión de mover el cursor en el visualizador) vas a poder ver que había muchos más países en algún tono de marrón. Pero acordate que Argentina tenía una inflación del 200% anual mientras que casi todos los demás estaban bien por debajo de los dígitos; esto es algo que la categoría “25% o más” oculta.La estabilización es más un arte que una cienciaParadójicamente, es más complejo estabilizar una economía con tasas de inflación moderada que una con tasas altas. Esto se debe a que cuando la inflación alcanza niveles muy altos los precios se revisan con mucha frecuencia, lo que tiende a coordinarlos. De este modo, una economía en donde todo el mundo cambia los precios todo el tiempo, se puede organizar mediante un programa consistente que mande una señal poderosa: la forma más efectiva en nuestro país es fijar o contener el tipo de cambio, ya que muchos agentes, en ausencia de un mejor mecanismo de coordinación, aumentan cuando aumenta el dólar.En una economía en donde las tasas de inflación no son tan altas hay precios que no se tocan tan a menudo y esto genera un problema: cualquier programa que busque bajar la inflación encontrará que algunos precios no se han actualizado y seguramente se actualizarán más adelante, con el consecuente impacto sobre el número del INDEC. Es por esto que muchos programas de estabilización arrancan corrigiendo algunos precios importantes, como el tipo de cambio o las tarifas; de lo contrario, sos ese tío que empieza la dieta el lunes, sin reparar que se comprometió a asistir a un desayuno con buffet el miércoles.Entonces, luego de pasar de inflación alta a moderada, la economía argentina se encuentra hoy en un contexto en donde la estabilización se ha tornado una tarea muy complicada, que requiere mantener medidas consistentes de forma sostenida: justo lo opuesto a lo que piden un escenario electoral como el argentino.En la vida hay que elegirComo es importante salir con aire de las elecciones de medio término, desde hace rato que en Argentina, de una forma u otra, la política macroeconómica se enfrenta con un imperativo: atajar el dólar para que los precios no suban tanto y los ingresos no sufran. Esto suele mejorar el desempeño electoral del oficialismo, pero tiene el problema de sentar las bases para una corrección posterior. La versión 2025 de este fenómeno lo vemos en los esfuerzos del Gobierno por tranquilizar –hasta octubre– los mercados financieros sosteniendo tasas de interés muy elevadas, lo que tiene el desagradable efecto de afectar la actividad económica. Por más que el presidente se empeñe en afirmar lo contrario, la política económica reconoce la centralidad del tipo de cambio en la política inflacionaria.Lo que se esconde bajo la alfombra son los vencimientos de la deuda en dólares del gobierno con los mercados internacionales, que a partir del 2026 pasan a ser más importantes que hasta ahora. Al no comprar dólares y acumular reservas internacionales, por ahora no hay señales que garanticen que el Estado argentino recupere el tan necesario acceso a los mercados. El gobierno jura y perjura que, una vez ganada la elección, el mercado se reabrirá como por arte de magia.Esta posibilidad no puede descartarse, pero existe el riesgo evidente de que la incertidumbre electoral pueda trasladarse al año 2027, cuando sean las elecciones presidenciales. Porque si el fantasma del kirchnerismo acecha durante el 2025, lo seguirá haciendo durante los años siguientes, a menos que una fuerza mística erradique a sus representantes y, lo que es más importante, a su base electoral. Si la economía real sigue empiojada, porque estamos en una fase del programa de estabilización que es, por lo que contábamos anteriormente, más compleja, todo indica que es muy probable que no todas las noticias sean buenas para los bolsillos.Así como la posibilidad de retorno del kirchnerismo es lo que mantiene elevado el riesgo país, el elevado riesgo país complica la macro ¡y hace más probable que vuelva el kirchnerismo! Tres deseos Estabilizar es una tarea compleja, el proceso es lento y no lineal. Lamentablemente, es un imperativo para tener una economía más normal y ocuparnos de problemas realmente importantes (como el cambio climático, el futuro del trabajo, la desigualdad, etc.). Si pudiera soplar y pedir cosas que nos permitan derrotar la inflación la cosa sería algo así: 1) que baje la inflación; 2) que baje de forma sostenida; y 3) que no la dejemos volver a subir.Para que los deseos se cumplan, no solamente hay que acertar con el plan antiinflacionario, también hay que lograr consensos entre los diferentes espacios políticos y actores de la sociedad (ni el kirchnerismo, ni los libertarios, ni el PRO o el radicalismo, o mejor dicho sus representados, van a desaparecer de un plumazo), fundamentalmente para que la baja de la inflación se sostenga y para que no la volvamos a subir.Acá es donde pienso que, en algún momento, debería plasmarse –no digo en una discusión explícita, pero en la práctica– una serie de definiciones que involucran, por ejemplo, el futuro de la obra pública, las universidades nacionales, el INTA, el Garrahan, los jubilados, los científicos, en fin, todos los sectores sobre los que cayó el grueso del programa antiinflacionario. Porque si el ajuste lo van a bancar solamente estos sectores, la probabilidad de que mi tercer deseo no se cumpla parece nada despreciable.
Emiliano Libman | Cenital
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