Viendo lo que está pasando en nuestro querido país, no me puedo quejar. La situación es cada vez más difícil de justificar. Con la inflación en franco ascenso, ya no está claro para qué hicimos semejante esfuerzo en estos 2 años. Y lo más preocupante es que ese esfuerzo no afloja, sino que aumenta.
Si dudan, pregúntenle a la industria. Al menos la pobreza baja, ¿no? Bueno, en realidad no tanto…
| La inflación no para de aumentar, la industria se desploma y la baja en la pobreza se habría frenado. Las dudas crecen: llevamos más de dos años de esfuerzo sostenido, con un ajuste cada vez mayor, pero los resultados ya no acompañan. ¿Reaccionará el Gobierno o seguirá forzando los datos para sostener un relato cada vez menos creíble?La décima no fue la vencidaEl INDEC informó ayer que la inflación de marzo fue 3,4%, la décima suba mensual consecutiva y la más alta en los últimos 12 meses, impulsada en buena medida por los precios regulados (5,1%), con una núcleo (el componente más estable de la inflación) que se mantiene por encima del 3% y una variación menor de los estacionales (1%). |
Fuente: INDEC |
| Dado que los precios regulados tienen una ponderación mayor en la canasta de consumo de 2017/18, la cual el Gobierno se negó a actualizar, de haberlo hecho tal como correspondía, la inflación hubiera sido incluso mayor.Para colmo, a pesar del aumento de las tarifas de servicios públicos, los subsidios aumentaron en marzo como consecuencia del impacto de la guerra de Irán en los precios de la energía y combustibles. En otras palabras, si bien las tarifas aumentaron, estamos cada vez más lejos de terminar de corregir los precios relativos, lo que le pone un piso a la inflación de los próximos meses.En resumen, la estrategia antiinflacionaria basada casi exclusivamente en el equilibrio fiscal ya mostró sus límites. Fue eficaz para bajar la inflación desde niveles extremos hasta la zona del 3% mensual, pero no alcanza para perforar ese piso.Para ello es necesario ampliar la caja de herramientas del Gobierno. Caputo ya lo estuvo insinuando cuando habló de corrección de precios relativos y demanda de dinero. Resta ver si esas insinuaciones se traducen en medidas concretas.En cualquier caso, es cada vez más dudoso que valga la pena el nivel de esfuerzo que venimos haciendo todos. Si no, pregúntenle a la industria que se va…Tormenta perfectaLa semana pasada el INDEC publicó otro dato que fue incluso peor que el de la inflación. En febrero, la industria cayó 4% mensual y 8,7% interanual.La caída, además, es generalizada. Con la única excepción de Refinación de petróleo y químicos, todos los sectores muestran retrocesos, con desplomes superiores al 20% en ramas como textiles, metalmecánica y automotriz. Incluso alimentos y bebidas — donde Argentina debería ser competitiva — cae con fuerza. |
Fuente: INDEC |
| No sorprende: producir en Argentina hoy es cada vez más difícil. El tipo de cambio apreciado erosiona la competitividad y la prometida baja de costos no aparece. La presión tributaria sigue siendo alta, el financiamiento caro, los costos logísticos elevados y la carga burocrática prácticamente intacta.En ese contexto, la apertura comercial termina de configurar una tormenta perfecta parecida a la vivida por la industria durante la última dictadura militar. No porque abrir sea un error en sí mismo, sino porque se hace sin nivelar la cancha. Las empresas locales compiten con importaciones mientras enfrentan impuestos y costos que sus competidores externos no tienen. El resultado es previsible: desde 2003 a la fecha ningún gobierno había destruido tantas empresas en sus primeros 26 meses.Pobre ArgentinaEl argumento principal del Gobierno para sostener que la economía va bien es que la pobreza está bajando. Si vamos a las fuentes, vemos que los datos sostienen esta afirmación. Según el INDEC, en el segundo semestre de 2025 la pobreza afectó al 28,2% de la población, luego de haber alcanzado al 41,7% en el segundo semestre de 2023 y al 52,9% en el primero de 2024. Un logro que sería muy destacable si no fuera por varias objeciones metodológicas que matizan este resultado. |
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| En primer lugar, la desinflación baja la pobreza. Por un lado, porque salarios, jubilaciones y planes sociales se ajustan con cierto rezago. Así, cuando la inflación sube, estos ingresos hacen lo propio pero en menor magnitud, por lo que el poder adquisitivo baja y la pobreza se incrementa. Lo contrario sucede cuando la inflación baja: estos ingresos suben por encima de los precios y la pobreza se reduce. Dado que el primer semestre de 2024 la inflación fue muy elevada, comenzando en enero con más de un 20% mensual y luego disminuyendo pero nunca por debajo del 4%, la reducción de la inflación desde esos niveles efectivamente bajó la pobreza.Por otro lado, hay un efecto metodológico que hace que se sobreestimen las variaciones de la pobreza como consecuencia de las oscilaciones en la inflación. Como los datos de inflación surgen de encuestas, cuando el encuestador le pregunta al encuestado cuánto gana, la respuesta no suele ser el sueldo del presente sino el del mes pasado o, en contexto de muy elevada inflación, incluso de períodos anteriores por pérdida de memoria nominal. Es decir, si hoy nos preguntan cuánto cobramos, no decimos nuestros ingresos de abril (que todavía no cobramos), sino de marzo (que cobramos el 1 de abril) o incluso de algún mes previo porque no nos acordamos bien cuánto cobramos. Pero los precios con los que se comparan esos ingresos son los del mes actual, en nuestro ejemplo, abril. Si la inflación es alta, este delay es relevante y provoca pérdida de memoria, por lo que el indicador se sesga. En cambio, cuando la inflación baja, este sesgo disminuye.Es difícil estimar la magnitud de este sesgo, pero no tanto identificar su presencia. Para ello, se puede comparar la evolución de los ingresos captados a través de fuentes administrativas (las cuales son precisas) y de encuestas (las cuales dependen de la veracidad de la respuesta del encuestado). Si la evolución de ambos se parece, entonces no habría sesgo. En cambio, si no lo hacen, se puede concluir que el sesgo existe. Resulta que en los últimos dos años los ingresos declarados a través de encuestas aumentaron mucho más que los captados a través de fuentes administrativas. |
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| Finalmente, aparece un factor adicional de sobreestimación de la caída de la pobreza por la decisión del Gobierno de no haber actualizado la canasta de consumo con la encuesta de gasto de los hogares de 2017/18, sino mantener la de 2004/05. De haberse actualizado la canasta, la pobreza habría sido superior en todos los períodos, pero la diferencia es mayor en los últimos. Es decir, con la canasta más reciente, la caída de la pobreza sería menor.El CEDLAS de la Universidad Nacional de La Plata se tomó el trabajo de corregir todos estos efectos y le dio como resultado que la caída de la pobreza entre el segundo semestre de 2023 y el primero de 2025 (todavía no se puede calcular el segundo de 2025 por falta de datos) no fue de 10 puntos porcentuales, sino mucho menor, más en torno a los 2 puntos.La mejora existió, pero está lejos de ser el éxito contundente que sugieren los datos oficiales. Más que un cambio estructural, lo que vemos es en buena medida el rebote estadístico posterior a un shock inflacionario. Además, como hemos visto, la inflación se ha incrementado en los últimos 10 meses, por lo que todo indica que actualmente la pobreza estaría aumentando.Los costos de la rigidezEn definitiva, el programa económico muestra señales claras de agotamiento. La inflación dejó de bajar hace ya 10 meses, la actividad está estancada con sectores que crecen pero no generan empleo, mientras que los que sí lo hacen — como la industria — retroceden. La pobreza, además, ha mejorado menos de lo que muestran los indicadores oficiales y habría dejado de bajar.Aun así, el presidente Javier Milei insiste en que los datos le dan la razón aunque reconoce que los “últimos meses fueron duros”. Insiste también con el esquema basado en equilibrio presupuestario, apreciación y apertura. Sin correcciones, sin nuevos instrumentos, sin cambios de enfoque. No es novedad: casi ningún gobierno lo hizo ante las señales de agotamiento.Cuando se descartan herramientas por convicción antes que por evidencia, lo que aparece no es consistencia, sino rigidez. Rigidez que tiene costos concretos: empresas que cierran, empleos que se pierden y capacidades productivas que desaparecen. No es una condición necesaria para estabilizar la economía. Es, más bien, una limitación autoimpuesta. Y puede salir muy cara. |
Guido Zack – Cenital
Fuente: INDEC
Fuente: INDEC

