InicioGobiernoEL TEDEUM Y LA GEOMETRÍA DEL PODER LIBERTARIO

EL TEDEUM Y LA GEOMETRÍA DEL PODER LIBERTARIO

El acto del 25 de Mayo dejó una postal que excede lo protocolar. Por primera vez se vio a Santiago Caputo en una ceremonia patria, caminando la cuadra que separa la Casa Rosada de la Catedral Metropolitana, y no por casualidad: fue Javier Milei quien lo convocó personalmente a integrar la delegación oficial. En medio de la interna abierta con Martín Menem, el presidente decidió que su asesor estuviera ahí.

En paralelo, el mismo día que el presidente acercaba a Caputo, la Secretaría General de la Presidencia dejaba a Patricia Bullrich afuera de la caminata de la comitiva. La pregunta es si tiene sentido leer esa decisión políticamente. El desgaste de Bullrich es con Karina Milei, desde que la senadora exigió que Manuel Adorni mostrara su declaración jurada. Sin embargo, esto no delata una pelea con Milei: el propio presidente se encargó de desmentir esa lectura cuando, en el balcón de la Casa Rosada y frente a la gente que miraba en Plaza de Mayo, la llamó deliberadamente y la abrazó a la vista de todos.

La novedad dentro de toda esta miscelánea es que Karina aparece, hace semanas, ausente del conflicto con Caputo. No es jugadora en la pelea con los Menem. Eso reordena la conocida figura del triángulo de hierro: lo que se consolida ahora –y se vio ayer en la foto desde el balcón– es el triángulo, pero invertido. Arriba conducen dos, Karina y Javier, y por debajo queda Santiago, sostenido por el vínculo personal con el presidente –ese “hermano de la vida”– y sus habilidades como estratega electoral, pero sin un lugar de paridad en la cúpula.

A pesar del cuidado a Karina, los enfrentamientos subterráneos continúan. El detalle de ayer es elocuente: de las veintiún fotos que Presidencia distribuyó a los medios, en ninguna aparecía Caputo. La única imagen donde se lo mostró fue en la transmisión oficial en el momento en que el arzobispo Jorge García Cuerva hablaba del terrorismo en las redes sociales. Algunos sostienen que nada de esto fue un descuido: toda la comunicación estuvo a cargo del equipo de Santiago Oria, el cineasta presidencial.

Conviene acá un ejercicio de memoria. Durante la campaña bonaerense, cuando arreciaban los cuestionamientos de Las Fuerzas del Cielo a Sebastián Pareja — el armador de La Libertad Avanza en la provincia y, a la luz de los hechos, el gran ganador del último año de internas oficialistas — , Lilia Lemoine fijó una doctrina: el que cuestiona a Pareja cuestiona a Milei, y por lo tanto el que cuestiona a Pareja es un traidor. Habría que preguntarle a Lemoine si ese criterio aplica también para quienes cuestionan a Caputo.

Hay, en todo esto, una inversión de roles que vale la pena anotar. Históricamente, los movimientos rústicos, la oratoria pendenciera y los golpes de efecto sin demasiado sustento pertenecían al repertorio de los jóvenes libertarios. Eran ellos los impugnados por improvisados. Sin embargo, con el infantilismo de la cuenta fake, los políticos tradicionales y experimentados del oficialismo terminaron comportándose exactamente del modo que antes reprochaban. El terrorismo en redes que denunció el arzobispo, sin nombrarlo, ya no es patrimonio de los recién llegados.

Un apunte aparte sobre el liderazgo. Milei aparenta no controlar la situación ni la interna entre su propia gente, pero a juzgar por los mensajes, las conversaciones telefónicas y las reuniones presenciales que mantuvo desde que se destapó que la cuenta @PeriodistaRufus pertenecía a Martín Menem — o a su ecosistema más cercano — , el presidente reaccionó de un modo que, por lo explícito, revela su tipo de conducción. Milei dijo que le habían “plantado” la cuenta al titular de la Cámara de Diputados. Por supuesto que sabe que eso no es así, pero tiene que hacer equilibrio y lo interesante es cómo decidió hacerlo. El mensaje de fondo es que nada de lo que haga un sector va a terminar de eliminar al otro y que él va a usar cualquier argumento — incluso uno que no se cree — con tal de sostener esa virtual paridad en el trato. El equilibrio no como resultado sino como método de gobierno. A Alberto Fernández no le funcionó.

Lejos de la coyuntura local, esta semana, el inversor especializado en hidrocarburos, Giacomo Prandelli, llamó la atención en su blog sobre los movimientos financieros de Stanley Druckenmiller, el inversor de riesgo que era jefe del fondo Quantum, de George Soros, cuando “quebraron” al Banco de Inglaterra y forzaron la devaluación de la libra esterlina. El posteo destaca una posición larga en Argentina, por una compra de acciones de YPF que superó los 100 millones de dólares y para la cual vendió el total de sus acciones en Alphabet, la compañía que controla Google y uno de los papeles estrella en Inteligencia Artificial.

Señala Prandelli que también Howard Marks, de Oaktree –un fondo con base en California, que administra más de 200 mil millones de dólares– sumó más de 860 mil acciones de YPF y destaca que la inversión está en línea con su propia exposición como inversor al país, que atribuye en gran parte a los efectos del RIGI y sus altos beneficios con garantías de estabilidad impositiva. En su mirada, Argentina es un país en crecimiento al que conviene apostar con posiciones largas, que en su caso no están en YPF sino en Vista, la compañía que fundó Miguel Galluccio y que opera con excelentes resultados en Vaca Muerta.

El entusiasmo de Prandelli se entiende, ya que se trata de un inversor especializado en hidrocarburos y minería. Los compromisos externos se suman al frenesí que generó en el mercado local el proyecto RIGI aprobado a YPF, de 25 mil millones de dólares. El mayor para un marco legal en el que predominan los sectores extractivos, en desmedro de las inversiones orientadas al mercado interno y a la producción industrial, afectados por el bajo nivel de demanda agregada y un tipo de cambio que favorece a las importaciones. Si lograra sostener un modelo de crecimiento, parece condenado a una fragmentación productiva que va a tener consecuencias políticas sobre la distribución del poder en el país y que repercute negativamente en varios grandes centros de población.

La heterogeneidad sectorial, con un crecimiento concentrado en actividades primarias, para las cuales la consultora Equilibra calcula un crecimiento de unos 20 puntos desde 2022 –año sin sequía– mientras los sectores no primarios se encuentran estancados, con una pequeña caída. El desagregado a nivel provincial, basado en cálculos de CEPAL sobre el producto bruto geográfico de cada una y tomando en cuenta la evolución de la actividad, arroja realidades sumamente dispares, con una caída de más de dos puntos para la provincia de Buenos Aires, un territorio denso en pequeñas empresas y sectores industriales en general. También muestra caídas sustanciales para las provincias más dependientes de la obra pública y las transferencias nacionales por coparticipación o discrecionales, y subas moderadas para las mineras y de la zona núcleo agrícola. La más beneficiada es Neuquén, donde se encuentra Vaca Muerta, que crece más de 30 puntos.

En el Gobierno, la apuesta a que las actividades primarias traccionen el crecimiento se mantiene inalterada. El anuncio del presidente, de una sustancial baja de retenciones, que costará algo más de 1.000 millones de dólares por año a partir de 2028 sigue esa lógica, avalada por un informe reciente del Fondo Monetario Internacional. De acuerdo al Fondo, cada punto de retenciones que se reduce aumenta medio punto la producción y las exportaciones de soja.

El informe compara la producción argentina con la de Brasil, que se duplicó, en un plazo en que la producción local se mantuvo relativamente estancada. La comparación tiene sus complejidades, no es claro –y es más bien improbable– que Argentina tenga las mismas posibilidades de expandir su frontera agrícola, y aunque tiene espacio para aumentar la productividad del suelo, no es evidente que aquello se deba a las retenciones, ni es comparable a Brasil, un país que hasta hace poco era incapaz de producir casi nada en estados que hoy son exportadores líderes.

El mejor suelo en varios lugares de nuestro país es, por eso mismo, menos beneficiado por la tecnología que uno que necesita de semillas muy tratadas y fertilizantes abundantes. De todas maneras, hay un punto obvio que vale la pena tocar. Casi ningún país cobra retenciones. Posiblemente haya motivos.

Iván Schargrodsky | Cenital

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