La inflación de diciembre fue del 2,8%, un dato que preocupó al mercado y al Gobierno, sobre todo, con una núcleo que alcanzó el 3%. Ese fue el dato más alarmante del último índice de precios al consumidor (IPC) junto con la fuerte suba de los alimentos. El Gobierno hace todo lo posible para que esta tendencia no se agudice en 2026 y el dólar es clave en esta estrategia.
Para lograrlo, apuesta al ancla cambiaria como recurso central por estos días, pese a la promesa de un tipo de cambio que iría más en línea con la inflación que esbozó el año pasado, cuando anunció cambios en el plan monetario.
Las nuevas bandas cambiarias que ajustan por inflación prometían un precio del dólar más “sincero” para 2026 allá por diciembre, pero el Gobierno lo mantiene pisado por la vía de la restricción monetaria, para así no poner más presión sobre los precios de la economía.
El 31 de enero el precio tope de la banda será de $ 1564,30 y al 28 de febrero alcanzará los $ 1608,10. No obstante, actualmente el dólar oficial mayorista se encuentra en $ 1457. Debería subir 10,3% en un mes y medio para coquetear con el techo de la banda y el Gobierno festeja que se haya alejado esa frontera.
El Banco Central (BCRA) informó en diciembre que, desde enero de 2026, iba a empezar a acumular reservas. Lo viene haciendo a un ritmo fuerte. En lo que va del año ya compró casi u$s 700 millones. Pero no es magia, para lograrlo sin presionar fuerte el tipo de cambio, debe mantener una ingeniería de contención para controlar el precio del dólar y que no le presione en la inflación.
El Gobierno mantiene el cepo para las empresas y esa es una herramienta de contención clave. Además, el mercado identificó que, tanto el Central como el Tesoro, participan activamente en diferentes plazas para presionar a la baja el precio del dólar.
En reiteradas ocasiones, el Tesoro vendió divisas en el mercado libre de cambios mientras que se vio una participación activa del BCRA en el de futuros y dólar linked. Eso fue más evidente en el arranque del nuevo programa monetario.
En tanto, se combina con la estrategia de un Central que se ocupa de quitarle flujo al mercado del dólar con la reabsorción de pesos que utiliza para comprar reservas. Todo esto, mientras el Tesoro se ocupa de mantener las tasas altas para asegurarse la renovación de vencimientos. Las Lecap rindieron 35% en las últimas horas, por lo que captan la atención de los inversores.
Ese es el mecanismo que el Gobierno implementa para controlar al dólar por estos días y quitarle presión a la inflación. La demanda de pesos elevada, un elemento estacional de esta época del año por las vacaciones, ayuda, pero suele caer en febrero y eso podría meter presión sobre el tipo de cambio otra vez.
El gran problema es la contracara de este sendero que lleva adelante el Gobierno y es la caída de la actividad. Las tasas altas afectan de manera negativa la economía y se ve un nivel de consumo muy bajo. Algunas voces en el mercado advierten que, si se busca una reactivación podría generar una mayor presión sobre los precios, incluido el valor del dólar, que es un precio más de la economía.
Mientras tanto, el efecto positivo de la compra de reservas en los bonos y acciones argentinas todavía no se ve de manera contundente. Hay dudas en el mercado sobre cómo seguirá la actividad económica, que muestra señales de desaceleración al inicio del año. Indicadores privados dan proyecciones de crecimiento ajustadas a la baja y un escenario en el que, más allá del empuje estacional del verano, no emergen nuevos motores capaces de sostener una expansión más robusta.
El Cronista
