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DOS QUE RECUPERARON EL RÍO

Este sábado y domingo tendrá lugar Open House Buenos Aires, el ya clásico festival de arquitectura y urbanismo que abre gratis las puertas de cientos de edificios, casas y espacios emblemáticos de la ciudad. Si estás en la capital te recomiendo que te des una vuelta:la mayor parte de las actividades son de acceso libre y por orden de llegada.

La mañana del domingo es soleada pero ventosa. A orillas del Río de la Plata y ochocientos metros al norte de la General Paz, lejos de los bocinazos, diferentes tribus de humanos ocupan el frente costero para hacer algunas de las cosas que más les gustan. Una pareja joven pasea a su perro. Cuatro pescadores prueban suerte. Dos jubilados comparten un mate sentados en sendas reposeras fluorescentes. Un padre le enseña a su hijo a remontar un barrilete. Ciclistas, runners, skaters, gente que va a clases.

Entre el silbido del viento se distinguen risas, fragmentos de conversaciones, ecos de una guitarreada y el rítmico rasgueo de una cadena de bicicleta rozando el metal. Son miles de personas, pero el clima es distendido. El espacio, después de todo, es enorme. Este es el Paseo de la Costa de Vicente López, uno de los espacios verdes públicos más importantes del Gran Buenos Aires.

“Me cambió la vida”, dice a Cenital Agustina Paz, escritora de 45 años que viene al paseo cuatro veces por semana. “Vengo acá a caminar a la mañana, a la tarde o a la noche, cuando necesito ‘cortar’ en mi casa. La relación con el agua y la naturaleza te despeja la cabeza, podés quedarte horas mirando el horizonte. También traigo a mi sobrino de siete años, le encanta ‘hacer expedición’ y meterse entre las piedras, flashea porque está en un lugar muy natural”.

Pero la historia de cómo el Paseo de la Costa se convirtió en lo que es hoy merece algunas aclaraciones.

Marchas y contramarchas

Desde fines del siglo XIX y durante casi setenta años, el municipio de Vicente López formó parte del esplendor de la costa como destino balneario. “Sus playas abiertas, cubiertas de yuyales, piedras y arena barrosa atraían tanto a vicentelopenses como porteños por igual para calmar el calor de los días de verano”, narra Marina Wertheimer, investigadora del Instituto Gino Germani. Pero a partir de la década del sesenta, la creciente contaminación del Río de la Plata comenzó a dificultar el aprovechamiento del espacio y en 1978, en plena dictadura militar, la municipalidad sancionó una ordenanza que prohibía bañarse en sus aguas. El acceso público a la ribera quedó vedado.

En 1992, durante la gestión del radical Enrique “Japonés” García, se encargó un concurso de ideas que culminó en la inauguración de los primeros metros del paseo costero, que incluyó obras de parquización sobre escombros y de demolición que serían una base de rellenos.

El progreso no fue lineal. En 2004, también durante la gestión García, el Concejo Deliberante de Vicente López aprobó una serie de excepciones al código urbanístico que habilitaba la construcción de torres en las inmediaciones de la avenida del Libertador y le dio el visto bueno al proyecto Al Río de la empresa Ribera Desarrollos (de Carlos de Narváez, hermano de Francisco) que proponía oficinas, viviendas de lujo y un shopping en terrenos públicos cercanos al río cedidos a la explotación privada. La recordada sesión se extendió hasta el 24 de diciembre y la votación tuvo lugar a las 4 de la madrugada. Seis años más tarde, García habilitó la construcción del Vial Costero, una avenida de seis carriles que corría de forma paralela al río y que generó protestas y acampes por parte de los grupos que se oponían a la pérdida de espacio público.

Es decir que la misma administración que creó el paseo costero terminó trazando una avenida que atravesaba ese nuevo espacio. Además, las torres habilitadas triplicaron las alturas permitidas hasta entonces, rompiendo la armonía del tejido y separando el río del resto de la ciudad consolidada. Hoy, el visitante que llega a pie o en bicicleta se ve obligado a atravesar lo que parece un cañón de concreto.

Un pacto faustiano

En 2011, Jorge Macri se impuso en las elecciones a intendente, y terminó el reinado de un cuarto de siglo del “Japonés” García. Al inicio de su gestión avanzaron los controversiales proyectos aprobados durante el mandato previo, como La Palmera y Open Office MIL, pero el gobierno de Macri abrió una mesa de diálogo con los vecinos que denunciaban el avance inmobiliario sobre la costa y, al menos, no se materializó el proyecto del shopping inicialmente contemplado por García. Hubo, sí, cientos de nuevas excepciones al Código de Ordenamiento Urbano (esto es, desarrolladores a los que se permite construir más de lo permitido por la norma urbana). Francisco Olivera, periodista del canal LN+, contabilizó 364 casos.

Ocho años más tarde, a poco de finalizar su mandato, Macri presentó un plan para recuperar el frente costero, dejando atrás el acento en el “vial” y retomando su proyecto de Paseo de la Costa. “En todos estos años fuimos consolidando el parque para que la gente saliera de la cinta asfáltica, se apropiara de todo ese espacio verde y se acercara al agua”, dijo a La Nación el entonces intendente. “Recuperamos la zona del mirador, inauguramos la pista de BMX que ahora es un polideportivo gratuito y abrimos espacios de juego. La cinta asfáltica muere en la avenida Yrigoyen y el plan actual de recuperación del paseo ribereño hasta Paraná [en el límite con el partido de San Isidro] sigue una línea más agreste. No está pensado para los autos”.

Su sucesora, Soledad Martínez, también del PRO, se propuso completar los diferentes fragmentos de costa –el recorrido a lo largo del frente ribereño sigue siendo una travesía con interrupciones– y hacer un espacio público continuo y en los últimos años sumó espacio público de calidad, desde nuevas canchas de street basketball, un parque público de parkour y dos kilómetros y medio de bicisendas. En contrapartida, este año suspendió el Transporte Bicentenario, una línea de colectivos comunal y gratuita que desde quince años conectaba el este y el oeste del partido. “Hoy es claramente un servicio muy poco utilizado y con un costo que resulta injustificable en relación con su impacto real”, dijo el Municipio.

Así, el Paseo de la Costa de Vicente López puede considerarse como el resultado de un pacto faustiano: espacio público de primer nivel a cambio de torres de lujo aprobadas por excepción. Aún así, es uno de los mejores espacios públicos del continente, posiblemente en algún podio junto al Parque Lage de Rio de Janeiro o el Parque Metropolitano de Santiago.

Sur, Parque del Río y después
Al sur del Gran Buenos Aires la historia fue bastante diferente. La ribera de Avellaneda –esa zona comprendida entre los arroyos Sarandí y Santo Domingo– estaba ocupada por quintas, viñedos y pequeñas explotaciones productivas hasta principios del siglo XX, cuando la construcción del puerto de Dock Sud la convirtió en uno de los territorios industriales más grandes del área metropolitana. A fines de los setenta, con el avance de la desindustrialización, comenzó a funcionar el relleno sanitario de Villa Domínico, operado por el CEAMSE. Ese complejo, de 500 hectáreas de extensión, recibió durante décadas residuos domiciliarios y desechos industriales, ante la creciente protesta de grupos ambientalistas. El punto de quiebre lo generaron los propios vecinos, que a principios de siglo formaron la Asamblea por el Cierre del CEAMSE y empujaron al intendente Oscar Laborde a anunciar las primeras medidas para la “recuperación” de la costa.Hubo, en el medio, un megaproyecto fallido que merecería un artículo aparte: Nueva Costa del Plata, un complejo urbanístico con viviendas, restaurantes y áreas comerciales impulsado por el Grupo Techint que la Justicia frenó en 2012. Pero lo cierto es que a partir de la gestión de Jorge Ferraresi se produjeron dos movimientos interesantes de cara a la reactivación del frente costero.
Primero, el municipio creó la Reserva Costera Municipal de Avellaneda, unas 40 hectáreas que con el correr de los años se ampliaron para configurar lo que hoy se conoce como la Eco Área, abierta al público de jueves a domingo, con infraestructura dedicada que incluye pasarelas, senderos, guardaparques, sanitarios y recorridos educativos. En 2023 apareció una segunda pieza: el Parque del Río de Villa Domínico. A diferencia de la Eco Área, no se trata de una reserva natural, sino de un parque recreativo urbano, con estacionamientos, actividades culturales, gastronomía y plaza de juegos, más parecido al Paseo de la Costa de Vicente López.
El Parque del Río abrió sus puertas en marzo de 2023.
Foto: Luciano Dico
Experiencias
“Conocía esa zona desde los noventa porque la frecuentaba para comprar el llamado ‘vino de la costa’. Había que ser bastante audaz para llegar hasta ahí, no era para nada pintoresco”, me cuenta Sebastián, vecino de Avellaneda que conoció el nuevo espacio de casualidad, durante la pandemia.“Con mi pareja teníamos ganas de hacer algo al aire libre, así que no bien estuvo permitido fuimos a visitar la Reserva. Después nos subimos al auto y dando vueltas por la zona llegamos a la costa vimos que estaba en construcción el paseo. Este año, buscando un lugar para tomar un mate el domingo a la tarde, decidimos volver a ver cómo estaba y para nuestra sorpresa ya había finalizado la primera etapa: un lindo paseo costero con muchos juegos, un mirador con baranda de vidrio y escalinatas que rememoran las mejores épocas del río”, dice.Entre los aspectos positivos, Sebastián destaca la presencia de baños públicos y de personal municipal cuidando los espacios. La accesibilidad, en cambio, sigue siendo un desafío: “Si no sos de la zona y vas en auto es difícil llegar porque no está señalizado. Y es peligroso llegar en bici por la zona del acceso sudeste”. También mencionó el mal olor proveniente del canal Santo Domingo, que rodea la calle de acceso.Pero las obras continúan hacia el norte, con la apertura de nuevas calles, el anuncio de una nueva laguna artificial y un patio de juegos temáticos. Lo importante es que la costa dejó de ser un lugar al que había que animarse a ir: ahora es un lugar al que se vuelve.

Federico Poore | Cenital

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