Wall Street escuchó al ministro hablar de un escudo de US$100.000 millones para llegar entero a las elecciones. El mercado no le creyó del todo: el riesgo país subió 3,6% en la misma jornada, hasta 552 puntos. Miremos de qué está hecho ese escudo, porque el detalle importa:
Swap con China, US$20.000M, bajo reserva. Swap con Estados Unidos, otros US$20.000M. Futuros sin posiciones abiertas, hasta US$9.000M de margen. RIGI proyectado para 2027, US$6.500M. Superávit comercial esperado, US$30.000M.
Nada de eso es dólar en caja hoy. Es una cadena de promesas activables si hace falta. Un país que necesita anunciar contingencias para octubre de 2027 ya está diciendo, sin quererlo, que no confía en llegar solo con lo que genera.
Y ahí aparece la otra cara de la moneda, la que no se discute en el piso 15 de JP Morgan: mientras se arma el blindaje financiero, la actividad industrial sigue sin encontrar piso. La capacidad instalada ociosa lleva meses en niveles altos. No es una anomalía de un mes: es la fotografía de una economía que no fabrica más.
El propio Caputo terminó confirmando el diagnóstico sin darse cuenta. Dijo que todo esto «cambiará significativamente» recién después de 2027, cuando el riesgo político «ya no exista». Es decir: el escudo no resuelve nada, solo compra tiempo hasta la urna.
Se puede blindar el dólar con swaps. No se blinda una fábrica parada con una línea de crédito contingente.
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