martes, mayo 21, 2024
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SE ACENTÚA LA MASSADEPENDENCIA EN EL CIERRE DEL AÑO

El Consejo Interamericano del Comercio y la Producción, más conocido por sus siglas (Cicyp), no es una entidad que mueva la aguja a nivel local. Pero tiene una virtud: comparte el mismo círculo empresario que integran otras entidades que sí están involucradas en el día a día de la relación con el Gobierno. Por esa razón, desde hace años se ha vuelto un ámbito propicio para que el sector privado y los funcionarios intercambian mensajes con menos presión que en otros encuentros de similar envergadura.

El que mejor aprovechó ese contexto en la última reunión (un almuerzo que se sirve siempre en el mismo entorno, el Alverar Palace Hotel) fue Sergio Massa. El ministro, convertido hoy en el vocero y responsable de las definiciones económicas del Gobierno, volvió a mostrar este jueves una inusual independencia en materia de decisiones.

Si bien se cuida de mantener informada a la cúpula del Poder Ejecutivo, está más que claro que las decisiones que se toman en el quinto piso del Palacio de Hacienda se informan a la Casa Rosada, pero sin mucha discusión previa. El titular de Economía sabe bien cuáles son sus límites y no tiene intenciones de cruzarlos. Solo Cristina Kirchner le insiste para que avance más allá de lo aconsejable.

Todo este contexto exhibe un nivel de Massadependencia creciente, y por esa razón los mensajes que salen desde cada tribuna adquieren otra relevancia.

Como hemos remarcado en envíos anteriores, Cristina no le marca la cancha a Massa para jaquearlo. Su rol es ser la policía mala, y sus amenazas le permiten al equipo económico pedir mayor colaboración a los privados, con la advertencia de que si hacen caso omiso, lo que viene atrás puede ser peor. ¿Apoyarán, se alinearán?

Massa enhebró numerosos conceptos políticamente correctos en su discurso (en el que otra vez buscó mostrarse ajeno a la pulseada presidencial e 2023) pero dio dos o tres definiciones relevantes. La primera es que el Gobierno no tiene ninguna chance electoral -sin aludir a algún candidato en particular- si no baja a la mitad la inflación. La segunda es que expandir el gasto para ganar elecciones es una receta del pasado.

Todavía no sabemos si Cristina está lanzada a ser candidata ni para que cargo. Pero si aceptó las premisas de Massa (o está camino a hacerlo), su decisión será relevante para la economía. El ministro también dijo que cumplirán las metas fiscales y de acumulación de reservas prometidas al FMI, porque ya sabía que venía una nueva ronda de dólar soja, una fórmula que aporta simultáneamente dólares al BCRA y pesos al Tesoro.

Massa evalúa, juega y define. Alberto Fernández se está convenciendo, poco a poco, que entre la salud y el escaso apoyo que tiene fuera de su círculo íntimo, su proyecto más importante no es reelegir sino llegar. Y Cristina está decidida a recuperar la jefatura plena del Frente de Todos, peleando con la justicia, la oposición y sus adversarios internos. Aunque no parezca, faltan cinco semanas para que termine el año, y el contexto tiene un dato nuevo todas las semanas. A no apresurarse.

Veamos el semáforo.

Luz verde

La economía ya no tiene noticias virtuosas. Cada novedad positiva es la contracara de una restricción. Es lo que sucedió esta semana con las novedades sobre el resultado fiscal de septiembre y octubre, y el saldo comercial del mes pasado.

El Ministerio de Economía mantiene, en este sentido, una actitud oscilante. Por un lado Sergio Massa asegura que tener orden fiscal es el primer paso para llegar a una política antiinflacionaria sostenible, pero a la vez no pone los números sobre la mesa de una manera más visible para que el mercado le crea que va a cumplir lo que prometió. Luce más promocionar el anuncio de inversión (por modesto que sea) de cualquier empresa industrial, que anunciar que el gasto corriente bajó.

Está claro que si los ingresos aumentan por arriba del gasto es porque hay prestaciones sociales que se ajustan a un ritmo menor que el de la inflación, o porque los aumentos tarifarios empezaron a impactar y están generando una baja en los subsidios energéticos. También hay menor inversión de capital, un factor que seguramente se compensará el año próximo, cuando las elecciones estén más cerca.

Lo mismo sucedió con el superávit comercial de octubre, producto del marcado descenso en las importaciones por efecto del nuevo sistema de control, el SIRA.

¿Y el dólar soja II? Fijado finalmente a un valor de $ 230, su anuncio es una buena noticia para la industria y los fabricantes que necesitan insumos, porque le permitirá al BCRA acumular más reservas y hacer, junto a los u$s 5000 millones del swap de China que se activarán en diciembre, colchón para el verano. Si eso significa que los dólares que piden las empresas fluirán más rápido o no, es algo que todavía no se puede anticipar, aunque está claro que parte del objetivo es no tener que enfriar la economía más de la cuenta.

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Luz amarilla

Si la desaceleración de la economía no tiene otro color, es porque en el primer semestre el Gobierno apeló a estímulos al consumo que le inflaron el nivel de actividad. Pero esos incentivos también se combinaron para disparar la inflación. Todos los pesos volcados al mercado terminaron en dólares o en instrumentos dolarizados, con lo cual el circulo vicioso fue inevitable. En consecuencia, el nivel desde el que descienden paulatinamente la producción y el consumo, ayuda para que los números del PBI mensual todavía sean positivos.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el Indec mostró en septiembre un alza de 4,8% frente a 2021. Un número azul, digamos, pero que es también el dato más bajo en cinco meses. La medición desestacionalizada fue menos benigna: 0,3% de caída, una variación leve pero que anticipa lo que cabe esperar para los meses siguientes.

Con la inflación corriendo hasta ahora entre 6 y 7% mensual, es muy difícil obtener otro tipo de señales del lado del consumo privado. Y la restricción de dólares lo que ha hecho es poner un problema del lado de la oferta de bienes: la producción industrial crece menos porque se fabrican menos productos terminados por el faltante de insumos.

Con esas señales inciertas, no debe sorprender que la dolarización de carteras haya sacudido una vez más las cotizaciones financieras. Es cierto que los valores tanto del blue como del resto de los dólares se habían actualizado por debajo de la inflación. Pero hay tantos tenedores de billetes verdes en la Argentina que cuando se agita su precio, todos se preocupan.

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Luz roja

Un factor que siempre genera cortocircuitos, cada vez que aparece en el abanico de decisiones políticas que puede llegar a tomar el Gobierno, es el de la discrecionalidad. Y no hablamos de que el Frente de Todos tome medidas inconsultas, como ha sido buena parte del reciente congelamiento de precios, porque eso se ha vuelto casi habitual. Hablamos de aquellas acciones que pueden causar daño institucional, como ser algún tipo de persecución a determinados empresarios.

Para Cristina Kirchner, cualquier medida que implique ir detrás de los poderosos siempre va a estar justificada. Pero una cosa es un discurso y otra es lo que pueda hacer un organismo como la AFIP.

Sergio Massa ha reiterado que ante la inminente firma del acuerdo que permitirá el intercambio de información financiera entre la Argentina y Estados Unidos, aquellos que tengan bienes no declarados deberían transparentar sus tenencias y traer los dólares, como aporte para la causa. Lo dice como recordatorio para aquellos que, incluso, no entraron en el blanqueo de capitales de Macri.

Sus palabras no son una amenaza, pero pueden serlo. Perseguir a los que no cumplieron la ley es una obligación del Estado y de todos sus órganos de control. Buscar sospechosos según la filiación política declarada va más allá y entra en un terreno fangoso.

La AFIP también quiere replantear los márgenes de planificación tributaria que tienen las grandes empresas. Puede ser un paso razonable, si se enmarca en una discusión del sistema que permita reducir impuestos distorsivos o equilibrar la carga que tienen asalariados y autónomos. El riesgo es que ese instrumento esté puesto al servicio de otras políticas, como las negociaciones de precios o el aporte de divisas que pueden hacer grandes exportadores.

El anuncio de que el grupo Enel buscará vender todos sus activos en la Argentina (será la multinacional número 22 que lo haga) tampoco fue una noticia agradable. La compañía tiene sus razones globales, desde ya, pero la enorme incertidumbre en la que operan hoy las empresas generadoras y distribuidoras de electricidad muestra que las reglas de juego no pueden ser alteradas de manera infinita.

El Cronista

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