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PROSPECTIVA. ARGENTINA- NIGERIA, ENEMIGOS EN EL FÚTBOL, ALMAS GEMELAS MONETARIAS

La crisis monetaria que está viviendo en estos momentos Nigeria podría ser otro espejo que adelanta para la Argentina, como de alguna forma también Turquía. Es que el gobierno del recientemente electo presidente , que acaba de asumir hace un mes atrás, decidió liberar el mercado de cambios y dejar flotar libremente el naira, la moneda nacional.

Sin embargo, el sinceramiento del tipo de cambio provocó un derrumbe de la divisa de un 40% en tan solo cuatro días, haciendo que el dólar pasara de 472 a 658 nairas entre el 13 y el 16 de junio (ahora se ubica en 764 por dólar), en parte debido a la falta de reservas internacionales suficientes para sostener el valor de la moneda.

Si bien los mercados financieros apoyaron la decisión del nuevo gobierno de terminar con el control de cambios, todos son conscientes de que la estabilidad monetaria no está a la vuelta de la esquina. Es que el naira arrastra una larga historia de alta volatilidad estructural, al estar la divisa atada a la cotización del barril de petróleo, ya que Nigeria es el primer productor de África y el crudo representa el 90% de sus exportaciones.

DESDOLARIZAR LA ECONOMÍA

El objetivo del presidente Tinubu consiste en desdolarizar la economía y convencer a los inversores, particulares y empresas a que vuelvan a usar el naira para sus transacciones, en un país donde el dólar es empleado como reserva de valor, moneda de cambio y unidad de cuenta ante el rechazo a conservar nairas más allá de las operaciones corrientes.

La famosa Ley de Gresham, que sostiene que, en una economía donde circulan dos monedas, la que es considerada como peor expulsa del mercado a la mejor, porque todos ahorran en ésta y siguen usando la mala, en países como Nigeria o la Argentina hace falta un cepo cambiario para evitar que se cumpla.

En ese sentido, las distorsiones macroeconómicas hicieron que ambas naciones tuvieran el triste privilegio de formar parte del club de los que tienen mayor brecha entre el dólar oficial y el paralelo, según un estudio del Instituto Internacional de Finanzas.

Pero desde que el gobierno de Tinubu decidió permitir la libre flotación de su moneda, Nigeria dejó de pertenecer a este grupo, aunque el costo que tuvo que pagar fue muy elevado en el corto plazo.

En ese sentido, la experiencia nigeriana tiene un antecedente que no le favorece, ya que, al igual que la Argentina, el país africano cuenta con una historia de sucesivas liberalizaciones del mercado cambiario y posteriores controles. De hecho, a fines de los años 1990 se intentó dejar flotar el naira, en una experiencia que fracasó y que no trajo estabilidad monetaria.

Justamente, en 2023 el naira cumple 50 años de vida y, desde su creación el 1° de enero de 1973, la moneda perdió un 99,91% de su valor en medio siglo.

IMPACTO INFLACIONARIO

Por otra parte, habrá que ver qué impacto tiene en la futura tasa de inflación la nueva flotación libre del naira, que en mayo pasado se ubicó en el 22% anual, muy por debajo del 114% argentino.

Además, los analistas prevén que la reciente decisión del nuevo gobierno de dejar de subsidiar el precio de los combustibles también tendrá un fuerte impacto en la tasa de inflación del mes de junio, ya que su valor se triplicó en los surtidores después de la medida. Esta es otra llamada de atención para las autoridades argentinas, obligadas más temprano que tarde a revisar su política de subsidios a las tarifas de servicios públicos.

De esta manera, los problemas que se evidencian en el mercado cambiario son el reflejo de una economía mal gestionada desde hace décadas, con altos niveles de corrupción y falta de diversificación de su matriz productiva.

A pesar de que el panorama luzca preocupante en el corto plazo, un reciente informe del Banco Mundial trata de arrojar un poco de optimismo para lo que viene. De acuerdo con los técnicos del organismo, el país podría ahorrarse hasta u$s 5100 millones gracias a su reforma del mercado cambiario y al fin del subsidio a las naftas.

Si este ahorro puede ser significativo para las cuentas públicas, la amenaza de los sindicatos podría ser la otra cara de la moneda, al pedir que el Gobierno eleve el salario mínimo más de seis veces como forma de amortiguar el impacto de la inflación y el fin del subsidio a los combustibles. Este es otro de los costos a pagar para intentar estabilizar las cuentas públicas tras décadas de despilfarro.

El Cronista

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