jueves, julio 25, 2024
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LOS PRÓXIMOS PASOS DE JAVIER MILEI

La semana comenzó con Javier Milei asignándose la responsabilidad –a través de un reposteo en la aplicación antes conocida como Twitter– del fuerte crecimiento de las opciones de derecha y ultraderecha en las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Es difícil reconocerle crédito al autopercibido máximo referente de la libertad a nivel mundial: su única participación de campaña fue en apoyo a los españoles de Vox, cuyo resultado fue similar a los guarismos –relativamente altos, pero estancados– de la formación extremista en las recientes elecciones nacionales y regionales. Tal vez si creyera en ellos podría reclamar algún derecho de autor por los 800 mil votos y 3 eurodiputados obtenidos por “Se Acabó la Fiesta”, el partido que armó el youtuber Alvise Pérez, un hábil difusor de fake news y posturas policiales ubicadas a la derecha de la ultraderecha y más allá del sentido, al que la prensa internacional compara con Milei y que fue la sorpresa de la elección, tras superar a Podemos.

Fuera de España, la influencia del presidente argentino en los resultados del domingo tiende definitivamente a cero. Las derechas europeas se alimentan de cuestiones bien regionales como la inmigración, el estancamiento económico, las regulaciones ambientales y la guerra en Ucrania. En un continente donde las distintas encarnaciones del fascismo lograron una fuerte raigambre, sólo algunas ultraderechas tienen miradas económicas libertarias, mientras la mayoría mantienen una postura entusiasta sobre el lugar de los estados nacionales. Marine Le Pen, líder de Rassemblement National –el gran ganador de los comicios– llegó en una ocasión a hacer campaña contra las instituciones europeas y el Fondo Monetario Internacional poniendo como ejemplo de soberanía nacional e independencia al Brasil de Lula da Silva.

Hay, sin embargo, elementos comunes. Las ultraderechas se manifiestan como la alternativa insurgente a la dirigencia política tradicional de conservadores y socialdemócratas. Un rol que ya agotaron quienes fungen de noticias de ayer, verdes y centristas liberales cuyo ascenso fue novedad en los últimos diez años y hoy lideran u ocupan roles protagónicos en los principales gobiernos europeos. Los descontentos con el status quo –economía y migraciones–, batallas culturales contra el feminismo, el consenso científico-académico, los medios y las instituciones republicanas y un enfoque antagónico de la política son una base de apoyo que logra alcanzar a los jóvenes, particularmente varones, con rasgos que aúnan a las derechas allí y aquí. Un sentido común de las bases que se sabe compartido y que actúa como el hilo rojo que une a Donald Trump, Jair Bolsonaro, Milei, José Antonio Kast, Le Pen y Viktor Orban más allá de las diferencias sobre el liberalismo o el comercio internacional. Como referente local de un movimiento global, Milei ganó el domingo, aunque no haya torcido un sólo voto en favor de sus aliados.

En ese sentido, es necesario prestarle atención a un trabajo de Esther Solano, Pablo Romá y Thais Pavez para la fundación Friedrich Ebert que gira en torno a estudios cualitativos de votantes “moderados” de Milei. Se trata de “moderados” en la medida en que no forman parte del núcleo más duro de electores del presidente sino que lo eligieron como alternativa en un marco de preferencias acotado, incluso como una segunda opción preferible a Sergio Massa. Se trata en general de votantes de mediana o mayor edad, ya que, de acuerdo al estudio, los jóvenes están polarizados en el núcleo duro de apoyo o la oposición cerrada.

Los motivos del voto no sorprenden: la deslegitimación de la política y la crisis económica y de representación, aunque introduce cuestiones interesantes como el “contrapúblico”, una suerte de colectivo de personas en conflicto, de un modo u otro, con las expectativas sociales dominantes y la paradoja entre el individualismo ideológico del presidente y su construcción y discurso unificador de un colectivo, a partir de una división binaria que supone un rival y un nosotros abarcativo.

En los votantes moderados, el estudio advierte un fuerte deseo de cambio, el estrés de la inflación y cuestiones como la inseguridad, y una percepción de “crisis moral”, que incluye tanto la corrupción política como de valores.

Ante ello, el estudio advierte que el discurso de Milei se articula a partir de una definición antagónica clara –la casta–, un contexto combativo –análogo a la guerra–, un lenguaje innovador –tiktokizado, el de los contrapúblicos– y horizontes conceptuales claros, como la dolarización y la libertad, frente a un Estado “empobrecedor” o las élites políticas, feministas, universitarias, artísticas que obran de freno al crecimiento personal “meritocrático” al que las instituciones teóricamente pondrían un techo.

Las ideas resuenan especialmente en la clase media autopercibida como una víctima de la situación política y social, y en un contexto en el que la fragmentación acentúa las relativamente pequeñas desigualdades dentro de cada nivel socioeconómico.

Del trabajo surgen conclusiones interesantes. Por un lado, Milei ofrece un discurso que conecta con las frustraciones y expectativas de este grupo, aunque no fuera su primera opción. Ofrece enemigos verosímiles y compartidos, una suerte de narrativa purificadora, que abre un lugar tanto al tipo de discurso profético al que el presidente es afecto como al pedido de esfuerzos y sacrificios, independientemente de los grados de acuerdo con cada una de sus políticas, propuestas e iniciativas. Una esperanza cuyos límites son la traición (ser uno más de la casta) o la posibilidad de que ese sacrificio vaya a ser en vano. A partir de ello, los apoyos blandos se dividen entre esperanzados y ambivalentes.

Los primeros grandes fracasos de gestión y económicos acercan a uno de los dos escenarios de límite, en un contexto de ajuste y recesión profundas. En este espacio advertimos sobre la falta de resultados económicos y cómo operará generando cada vez mayores compensaciones simbólicas. En los términos del estudio, alejarse de la casta. El cierre de la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género, el anuncio de más despidos en el Estado y la renuncia a una jubilación de privilegio no otorgada son sólo las últimas señales en este sentido que no por esperables dejan de ser efectivas. Como sucede con sus giras por el exterior, los incentivos del liderazgo político del presidente y los que suponen una gestión eficiente de la crisis y, en general, del Gobierno, están profundamente desalineados. Sin mayorías parlamentarias, se requieren acuerdos, componendas y acercamientos con la misma dirigencia política en cuyo repudio encuentra su principal base de apoyo. Una ecuación imposible que, a la hora de la verdad, el presidente parece tratar con instinto de profeta.

En el peor momento de crujidos políticos del Gobierno hasta el momento, el contexto económico ofrece señales ambiguas, de esas que una pericia en la gestión política que hoy aparece ausente podría orientar positivamente y, por el contrario, un manejo indolente podría agudizar los peores rasgos y forzar una crisis. Las chispas de la brecha cambiaria se encendieron las últimas semanas gracias al combustible de la última baja de tasas de interés y los ruidos con los que la Ley Bases volvió a impactar en el Senado. El ajuste de la brecha no es importante solamente por el valor real del dólar sino porque puso en el centro de la escena las dudas sobre la sostenibilidad de la estrategia de Caputo-Bausili de avanzar a la confluencia del ajuste del dólar, la inflación y la tasa de interés alrededor del 2% que marca la cotización oficial y, a partir de allí, la salida del cepo.

De no materializarse, obligaría a niveles altos de atraso cambiario que inevitablemente encuentran su límite, y un aumento de la tasa de devaluación tendría, invariablemente, un correlato inflacionario. Las metas fiscales crujen frente a iniciativas como la recuperación de los haberes jubilatorios y las demoras y modificaciones de las reformas del paquete fiscal. La promesa que hizo el ministro de Economía, de reducir la alícuota del impuesto PAIS al 7,5% –el número que había dejado la gestión de Massa– si se aprueba la Ley Bases, como un paso para la salida del cepo, parece más una señal de preocupación por el ánimo de los mercados que un capítulo de una planificación cuidadosa. No todas las noticias económicas, sin embargo, son negativas para el Gobierno. Los datos interanuales arrojan saldos horribles, que demuestran la profundidad de la recesión, pero casi todos los indicadores tempranos vinculados a la actividad indican también una recuperación en la comparación con el mes anterior.

En el último #OnTheRecord, Emmanuel Álvarez Agis señalaba la posibilidad de una recuperación desde el subsuelo de la recesión. El RIPTE arrojó una suba salarial en abril del 16% frente a una inflación del 8,8%, una suba real del 6,6% mensual, que se apresuró a festejar la Oficina del Presidente de la República. Quienes cuestionan la validez de este indicador –afectado por los topes de la remuneración sujeta a aportes y contribuciones– dicen que la suba salarial promedio sería sustancialmente menor a la celebrada, aunque la contrapartida sería una caída muy profunda pero menor a la informada del poder adquisitivo de los salarios en los primeros meses, que ayudaría a explicar la ausencia de una crisis social. Los datos de inflación de la Ciudad de Buenos Aires arrojaron una variación de precios del 4,4% mensual en mayo y los datos de junio en algunas consultoras sugieren una inflación contenida también en el comienzo del mes. La suba de tarifas y las presiones sobre el dólar operan sin embargo como contratendencia, mientras lo leve de la recuperación y la profundidad de la recesión respecto a algunos meses atrás, y los datos de pérdida de empleo, ponen a prueba la paciencia social.

La última víctima del caos que reina en la administración fue la canciller Diana Mondino. En un movimiento cuanto menos atípico, la ministra de Relaciones Exteriores no acompañará al presidente de la Nación durante su participación en la Cumbre del G7, el cónclave de las principales economías occidentales, donde fue invitado por la italiana Giorgia Meloni. Milei viajará acompañado por Karina, el embajador en Estados Unidos, Gerardo Werthein y el asesor Demian Reidel. La versión de Cancillería es que, como los dos últimos organizaron la cumbre de Los Ángeles en donde el presidente se reunió con empresarios del rubro tecnológico y, como uno de los tópicos a tratar en el G7 será la inteligencia artificial, se los priorizó antes que a Mondino. Una explicación que sabe a poco. Werthein, además, es uno de los anotados para reemplazar a la extravagante economista. El malestar de Milei con su funcionaria tiene su inicio en la organización del evento de Embajadores de Grupos Árabes e Islámicos, en el Centro Cultural Islámico Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas Rey Fahd del barrio de Palermo, al que concurrió el representante de la Embajada de Palestina, Riyad M.A. Alhalabi, con quien Milei no deseaba cruzarse por ningún motivo.

El presidente se ausentó casi sin aviso del encuentro, lo que motivó una respuesta en durísimos términos del secretariado general de la Liga Árabe, que lo calificó como un acto de hostilidad no sólo contra el Estado de Palestina sino contra todo el agrupamiento árabe, que incluye estados con los que Argentina mantiene relaciones cordiales históricas, en muchos casos económicamente relevantes y en otros, con gran potencial económico y financiero. El comunicado resalta que la lista de asistentes fue coordinada con el Ministerio de Relaciones Exteriores y destaca que la eventual exclusión del representante palestino hubiera contrariado las normas diplomáticas. Un desaire innecesario, que se suma a los recientes y muy duros cuestionamientos que el presidente recibió de la Organización para la Cooperación Islámica por haber homologado a la religión musulmana con el terrorismo en su alocución por el Día del Holocausto, en la ceremonia organizada por la DAIA.

Las decisiones personales del presidente, como el alineamiento político con Israel –anticipado durante la campaña–, deberían ejercerse con inteligencia y adecuada moderación diplomática. La sobreactuación es, exactamente, lo contrario. Seguramente Milei coseche con sus últimos gestos algún aplauso de la actual administración israelí. Haría mejor, en cambio, en observar el comportamiento, por no mencionar el de otros aliados de Israel, como el del Gobierno estadounidense, que desde el 7 de octubre mantuvo contactos constantes con las autoridades palestinas y reafirmaron su apoyo a la Autoridad Nacional que encabeza Mahmud Abbas.

Incluso siendo objeto de fuertes cuestionamientos públicos, el gobierno más extremista de la historia de Israel cuida sostener, de la mejor manera posible, sus relaciones con países árabes como Egipto, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos. El presidente de Argentina, en cambio, termina por desairar a todo un conjunto de países por un conflicto del que no es parte y en el que otorgó apoyo y reconocimiento –no revertido oficialmente– a una solución de dos estados, uno palestino y otro israelí. Lo hizo, para colmo, en un centro religioso y sostenido por el Reino de Arabia Saudita, cuyas posiciones regionales son valoradas tanto por los Estados Unidos como, clandestinamente, por los propios israelíes. Una mala praxis diplomática puramente atribuible a Milei y que va más lejos, incluso, de lo que demandan sus aliados.

El segundo punto de conflicto es la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, abocada a la promoción del país en el exterior. En el Gobierno, alguien tuvo la idea de utilizarla para justificar los pagos del último viaje con dineros públicos del presidente a los Estados Unidos –algo que podría tener sentido dada la nutrida agenda de reuniones con empresarios del sector tecnológico– y eso generó malestar entre el personal estable de Cancillería de la Agencia que dirige el empresario y exsubsecretario de desarrollo económico porteño, Julián Cohen. Karina Milei terminó por sacar la Agencia de la órbita del Ministerio que encabeza Mondino y llevarlo bajo su ala, un lugar extraño para una agencia que se disputaron históricamente la Cancillería y el Ministerio de Economía.

A propósito, fue el propio Toto Caputo quien abordó la problemática del financiamiento de la política en el Latam Economic Forum: “Para buena parte de la oposición no es un servicio público, es un negocio. Tienen que mantener una estructura. ¿Qué creen ustedes que es hacer política? Plata en alguna de sus formas. Valijas, puestos, obras públicas o cajas: trenes, Acumar, lo que sea”. Los ejemplos del ministro pudieron haber sido más felices: la Sociedad Operadora Ferroviaria del Estado (SOFSE) la preside Adrián Luque, un hombre que tuvo especial relevancia en el sector durante la gestión de Massa –en el Gobierno aseguran que eligieron a uno “de línea”– y al frente de Acumar estuvo hasta hace una semana, Sergio Neiffert, el nuevo interventor de la AFI.

El ecosistema de inteligencia continúa acaparando las miradas de los observadores más conspicuos. El Gobierno prepara una reforma en la AFI que incluye su reestructuración a un diseño con tres agencias “descentralizadas” de inteligencia exterior, interior y ciberseguridad. Como “controlante” estará Neiffert a cargo de lo que podría volver a llamarse Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Tendría sentido histórico: la principal persona de consulta para diseño y nombramientos es el exdirector de Operaciones de la SIDE durante 30 años, Antonio Stiuso.

Otra de las incomodidades del Gobierno orbita sobre demorado nombramiento de Federico Adolfo Sturzenegger. Arquitecto del DNU, el ex titular del BCRA durante el gobierno de Mauricio Macri tenía una expectativa sobre su rol en la administración diferente a la que le reservaba el presidente. “Nosotros creemos que haría un gran trabajo de desregulación”, dicen cerca de Milei ante la consulta de #OffTheRecord, “pero Federico pidió la mitad de Economía y la mitad de Jefatura de Gabinete”, concluyen. ¿Un error político de Sturzenegger o un spoiler? En caso de materializarse su nombramiento, llegaría con una incomodidad de origen con Caputo a quien quiso arrebatarle parte de sus facultades. Lo mismo con Guillermo Francos.

El jefe de Gabinete, mientras tanto, afina la burocracia para la llegada de José Luis Vila como secretario de Estrategia Nacional, el cargo que ocupaba el brigadier Jorge Antelo, hombre de Nicolás Posse. La llegada de Vila al gabinete se explica por una amistad con Francos desde hace años, que se revitalizó cuando ambos vivieron en los Estados Unidos. Vila y Francos comparten educación inicial militar –el padre de Francos era almirante– y un interés especial por la Defensa. El cargo transita en el área de intersección entre Defensa, Inteligencia y Relaciones Exteriores, en línea con la expertise del propio Vila, de origen radical, y a quien califican quienes lo conocen como un veterano de las últimas nueve administraciones.

Lejano a la mirada ideológica de la política exterior que guía a los integrantes de La Libertad Avanza, Vila buscará impulsar algunas medidas que cuentan con consensos transversales en la clase política, como la recuperación de la capacidad disuasoria de las Fuerzas Armadas en el país y en nuestras fronteras, en una etapa donde las hipótesis de conflicto son cada vez más preocupantes. Un ejemplo es la continuidad entre la evaluación de riesgo realizada por la Doctrina de Seguridad Nacional de las fuerzas armadas brasileñas, en 2020 y con Bolsonaro en la presidencia, que veía la amazonía como un territorio de potenciales intervenciones extranjeras. Esto tuvo su correlato en la realidad con los movimientos de tropas en la frontera que Brasil comparte con Venezuela y Guyana en 2022, donde el rol brasileño fue central para evitar una escalada que hubiera involucrado, de mínima, a los Estados Unidos. Vila quiere levantar también algunas sanciones y prohibiciones para la inteligencia militar consagradas durante la gestión de Nilda Garré que, en su mirada, entorpecen la capacidad operativa de las fuerzas en áreas de espionaje, contraespionaje y contrasabotaje. Si bien él, en privado, lo niega, también es uno de los consultados sobre la mencionada reforma de la ex SIDE.

En el Senado, mientras tanto, la reunión de labor parlamentaria con las autoridades de la Cámara alta tuvo fricciones inesperadas a 48 horas de la votación. Un escarceo entre los radicales Eduardo Vischi y Pablo Blanco sumado a diferencias internas en el oficialismo pusieron un manto de dudas sobre la aprobación de una ley que, según Casa Rosada, “a Milei le importa un carajo”, pero cobra especial relevancia por el pedido del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre sustentabilidad política e institucional. El apuro para la aprobación –que hoy, según el entorno del presidente, está “50–50”, pero debería inclinarse positivamente para LLA– se vio también reflejado en una situación insólita que rodeó a los gobernadores de Juntos por el Cambio que, apurados por entregarle un apoyo al Gobierno, aceleraron la publicación de un documento que no tenía la validación de todos los mandatarios provinciales y sufrió la impugnación pública de Emiliano Yacobitti, socio político de Martín Lousteau y Maximiliano Pullaro.

El que espera la aprobación de la ley es Macri para comenzar a levantar la voz en contra del Gobierno. Las críticas del Ingeniero se esperan luego de que el oficialismo obtenga las herramientas pedidas en la ley: Macri no quiere que lo señalen como responsable de un eventual tropiezo libertario. Ante la consulta de #OffTheRecord por los motivos de la preparada de terreno del presidente de la Fundación FIFA contra LLA la respuesta fue lineal: “Porque no le dimos ninguna de las 200 cajas que pidió”.

La Ley Bases, sin embargo, no es la única agenda de los senadores. Según reveló Carlos Pagni, la neuquina Lucila Crexell supeditó su acompañamiento al proyecto oficial a que la nominen como embajadora ante la UNESCO. No solo el dato es cierto sino que Crexell estuvo llamando a senadores de Unión por la Patria para explicar que ambos aspectos no tienen conexión y pedirles el voto para la aprobación de su pliego que entra la semana que viene. La respuesta de sus colegas peronistas, casi unánime, fue sugerirle que demore esa presentación o el correlato podía ser, además de un fracaso en su proyecto personal, de índole penal.

Iván Schargrodsky | Cenital

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