El mes de julio tuvo para el Gobierno un arranque extraño. Después de haber conseguido la sanción de la Ley Bases y el paquete fiscal, se esperaba que la luz verde que la muñeca de Guillermo Francos le arrancó al Congreso diera paso a una etapa donde la gestión fuese prioritaria. En los hechos, algo de eso se intentó. Pero chocó con la expectativa de un mercado que imaginaba otros objetivos. El plan de emisión cero no estaba en la agenda que idealizaban inversores y analistas, y por eso la nota de la semana fue la volatilidad extrema. El dólar volvió a tener fiebre y muchos esperaban que la vacuna fuera menos cepo o mayor ritmo devaluatorio. Y nada de eso apareció. En realidad, tanto Caputo como Santiago Bausili solo querían ratificar la continuidad del sendero iniciado en diciembre, que tiene como ejes el fin del déficit fiscal y de la expansión monetaria. El cierre de la segunda canilla de emisión de pesos era parte del menú conversado con el Fondo, y era una forma de presentar una continuidad con el objetivo que reiteró Javier Milei el viernes pasado, la competencia de monedas. Los deseos se cruzaron y solo el feriado del 4 de julio en Wall Street ayudó a inyectar algo de calma sobre el cierre de la semana. La ansiedad argentina, no obstante, sigue al acecho.
Veamos las luces del semáforo.

El Poder Ejecutivo no tiene que estar siempre detrás de las buenas o malas noticias. En la Argentina es lo habitual, pero empezar a romper esa norma es un objetivo cuando menos deseable. Por eso anoto en este renglón el anuncio de Pan American Energy (PAE), la principal petrolera privada del país, que comunicó el viernes que apuntará a la exportación de gas proveniente de Vaca Muerta. La compañía avisó que se asociará con la noruega Nolar para anclar en un puerto patagónico un barco regasificador que permitirá transformar el fluido neuquino en GNL exportable por vía marítima. La iniciativa muestra pragmatismo, frente a la ambiciosa búsqueda a la que se lanzó YPF, que se propuso levantar una planta en Buenos Aires o Río Negro con el apoyo de Petronas, la megacorporación malaya que está a punto de cumplir 50 años de vida.
El dato a resaltar en este caso no es el monto de la inversión, o que ambas propuestas estén apalancadas por el RIGI, el régimen de estímulo de la Ley Bases. Lo que traducen este tipo de decisiones privadas es la posibilidad cierta de que la Argentina reformule su matriz productiva hasta conseguir que la energía se transforme en la nueva soja.
La llegada de Federico Sturzenegger al gabinete es una promesa finalmente cumplida. Desregulación y Transformación del Estado es el nombre que tomó su ministerio, que por ahora es un sello al que le falta equipo y sede, pero que ya tiene proyectos para enviar al Congreso (lo que el flamante funcionario bautizó como Ley Hojarasca). Siguen los resquemores en el mundo inversor por cómo será su relación con Luis Caputo, como si las diferencias de criterio o de personalidad fuesen cuestiones antinaturales. Cambiar o modernizar el Estado va a ser un propósito difícil de alcanzar, con lo cual Sturzenegger tendrá que ocuparse primero de cumplir sus propios objetivos antes de andar señalando errores en quintas ajenas (quienes lo conocen saben que es probable que busque hacer ambas cosas).
El plan de emisión cero alteró los nervios de algunos bancos, pero nada que ponga en riesgo el sistema. Fueron más problemáticos algunos juicios de valor, como el del economista Orlando Ferreres, que creyó ver un «plan Bonex» en ciernes, un concepto que acentuó el malhumor del mercado esta semana.
Desde el Banco Central dieron a conocer algunas definiciones para entender qué corresponde esperar de esta propuesta. En primer lugar, el Ejecutivo deberá dictar un DNU que habilite el canje de deuda entre el Tesoro y el BCRA. Economía entregará las futuras Letras Fiscales de Liquidez (Lefliq o LFL, todavía no tiene sigla oficial) a cambio de títulos ajustados por CER que hoy están en la cartera del organismo. Después habrá que reglamentar su operatoria y definir el nivel inicial de tasa, y por último, ofrecerlos con una mecánica muy similar a los pases pasivos. Para los bancos no hay riesgo a la vista, ya que el Central recomprará las Lefliq cuando las entidades financieras requieran liquidez por cualquier circunstancia.
Otro elemento jugado como señal esta semana por el Central fue habilitar el pago en dólares de deuda intercompany. Implica levantar una capa más del cepo cambiario, que por un lado le permite mostrar al Fondo que está flexibilizando el acceso al mercado de cambios (así lo pide el staff) pero sin descuidar las reservas. Las empresas que traigan dólares, ya sea como capital de una nueva inversión o por nuevo financiamiento, podrán usar un monto equivalente a lo ingresado para saldar intereses caídos. De esa forma, podrán normalizar su situación financiera y desactivar las previsiones patrimoniales que encarecían sus planes.
Por lo demás, los pronunciamientos sobre la política económica no incluyeron ninguna sorpresa, porque ese era el objetivo buscado. La convicción fiscal del Gobierno no está en discusión, ni el hecho de que se hará todo lo necesario para cumplirla. Tampoco creen necesario alterar el crawling peg de 2%, porque hoy subir el dólar es un «juego nominal». Según esta visión, el tipo de cambio es el chivo expiatorio elegido por un sector del mercado para tratar de darle nuevo aire a apuestas financieras que después de un importante recorrido, quedaron estancadas. «El que pide devaluar está diciendo que tu salario es alto, y necesita ese ajuste para acomodar sus costos. Pero medido en dólares no es así», razonó un miembro del equipo. «Si el campo, por ejemplo, tiene valuado en dólares todo lo que compra y lo que vende, subir el tipo de cambio solo altera el peso de los salarios y los impuestos, nada más», agregó.
De acuerdo a los cálculos oficiales, el flujo de divisas se va a recomponer. Por eso en la proyección acordada con el FMI a comienzos de año se dispuso que la meta de acumulación de reservas del tercer trimestre fuese menor. En el Gobierno reiteran que no ven una actitud especulativa del campo. Aseguran que la cosecha fue buena y que las ventas están dentro de lo esperable. El factor que alteró la recolección de divisas fue que en 2023 se endeudaron para prefinanciar y hoy están cancelando ese pasivo. «Nosotros asumimos con problemas de stock, y lo que hubo que hacer fue regular los flujos hasta que los stock se vayan acomodando. El campo llegó a acumular u$s 8000 millones de deuda, pero fueron pagando y en poco tiempo más quedará normalizada. Y venderán más cereales o soja cuando tengan que empezar la nueva campaña», agregan. En el medio, el Tesoro tiene que pagar la semana que viene casi u$s 3000 millones de deuda reestructurada y desde agosto los intereses de los Bopreal. Todo está en la previsión. Menos la ansiedad del mercado.

Generó preocupación y algunas consultas en el mundo financiero el estallido de la interna del PRO. En la política, en cambio, no hubo sorpresa. Fue un conflicto que quedó latente desde la discusión legislativa de la Ley Bases, después de que varios sectores dialoguistas recibieran compensaciones por su apoyo, a diferencia de los «amarillos», que sintieron que su respaldo fue casi gratuito.
Mauricio Macri aprovechó la movida para tener control total del aparato partidario, a sabiendas de que Patricia Bullrich no iba a generarle un daño extra a la estructura partidaria que le permite al presidente Milei sostener sus propuestas en el Congreso. Por eso tampoco apareció la posibilidad de que el bullrichismo rompiera el bloque de la Cámara de Diputados. Las diferencias se dirimirán más adelante, cuando la economía encuentre su cause y sea tiempo de empezar a hablar de candidaturas. La ministra de Seguridad vivirá en carne propia lo que le pasó a Larreta, ni más ni menos, cuando resolvió integrarse al gabinete libertario. El ex alcalde porteño no tuvo otra opción que marginarse, aunque sin llegar a crear una corriente interna en el PRO que lo represente. Es lo que decidió, por ahora.
Para Macri, el pataleo ya tuvo beneficio. El Gobierno salió a aclarar que activará los mecanismos para que la Ciudad recupere parte de los fondos de coparticipación perdidos. La Corte Suprema había fallado a su favor, y ni el gobierno de Alberto Fernández ni el de Milei cumplieron la sentencia. A la menor recaudación por la caída de la actividad, hay otro tema que preocupa y mucho en el gabinete de Jorge Macri: la desaparición de las Leliq les restó un ingreso considerable (le cobraban impuesto a los Sellos a los bancos). Habrá que ver si estos compromisos alcanzan para que el expresidente sea parte en Tucumán de la firma del Acta de Mayo.

La recaudación impositiva de junio mostró una caída de 14% anual en términos reales. No fue un buen número. Tampoco asomaron buenos datos en los índices que muestran la actividad industrial y de la construcción. La producción fabril mostró baja anual de 14,8%, y lo que fue más preocupante, una reducción de 0,2% contra el mes de abril. La construcción, no obstante, dio una tibia señal de recuperación. Su retroceso anual en los primeros meses fue de 32%, pero en la comparación mensual creció 6,2% (desde un piso bajo, por si hiciera falta aclarar).
La fabricación de autos se desplomó 40%, marcando que hoy el exceso de stock es el factor que más incide en el uso de la capacidad instalada industrial. Hay una cuestión nada menor que complicó al sector automotriz y que no puede ser pasada por alto: las inundaciones que afectaron al sudeste de Brasil, donde están asentada buena parte de la industria autopartista que abastece a las plantas de los dos países. Las lluvias cortaron la logística y forzaron paradas que se sintieron luego en el abastecimiento de piezas.
El índice de precios que mide FIEL para la Ciudad, en tanto, tuvo un salto de 6,5% el mes pasado, bastante por encima del optimismo que circula entre los que miden la variación de los alimentos y la inflación núcleo. Habrá que esperar algunos días para ver hasta dónde las tarifas impactaron en el promedio nacional.
La pregunta que sobrevuela es si la tendencia positiva tanto fiscal como de actividad que se había notado en los primeros cinco meses, se interrumpió en junio. Hay algunos datos que no están aún puestos sobre la mesa (aunque el equipo económico ya los tiene) que podrían ayudar a equilibrar esta percepción, como por ejemplo un resultado positivo en materia de superávit. Milei y Caputo se sostienen aún del trapecio de la Ley Bases, y están tratando de que el envión llegue hasta el 9 de Julio, fecha del Pacto de Mayo (una brecha nominal más que tendrá que ser explicada en los libros de historia). La Argentina, como se ve, está condenada a la volatilidad.
El Cronista
