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BRASIL TODAVÍA NO CAMBIÓ DE VIENTO

Parece que ahora “todos los vientos soplan en la misma dirección” en América Latina.

No tan rápido.

Sí, Kast ganó en Chile. Hubo un corrimiento conservador en distintos países de la región. Y Flávio Bolsonaro salió primero en Brasil.

Pero ganó por apenas 1,87 puntos: 47,03% contra 45,16% de Lula. No hubo ola, ni paliza, ni un Brasil rendido a Bolsonaro. Hay segunda vuelta.

Y Lula llega a ella gobernando un Brasil con desempleo en mínimos históricos, recuperación del salario real, crecimiento, fuerte reducción de la pobreza y nuevamente fuera del Mapa del Hambre.

Los datos tienen la pésima costumbre de arruinarles el relato.

Del otro lado está Flávio Bolsonaro. Y el apellido no es un detalle: Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años y 3 meses de prisión por una trama golpista destinada a quebrar el orden democrático después de perder una elección.

Por eso resulta bastante curioso tanto festejo de algunos sectores argentinos y sus genuflexos de siempre.

Milei se presenta como el líder mundial de las derechas, reparte certificados de liberalismo y busca mostrarse como la referencia de un movimiento internacional que, sin embargo, no parece reconocerle semejante jefatura. Incluso algunos de los referentes e ideólogos que él admira y cita han cuestionado su modelo, sus resultados o sus formas.

Y una eventual victoria de Bolsonaro podría dejar esa pretensión todavía más expuesta.

Porque Trump no elige amigos. Elige lo que le conviene a Estados Unidos.

Si tiene que optar entre la devoción de Milei y un aliado gobernando Brasil —más de 200 millones de habitantes, la mayor economía de América Latina y una potencia con un peso comercial y geopolítico incomparablemente mayor—, no va a contar abrazos, viajes ni fotos.

Va a hacer cuentas.

Y entonces Milei puede descubrir que tanta sumisión no compraba liderazgo, ni amistad, ni lealtad. Apenas compraba una foto mientras resultaba conveniente.

Así que menos festejos anticipados.

Brasil no se rindió. Lula está de pie y millones de brasileños todavía tienen la última palabra.

El viento no cambió. La historia tampoco terminó.

Vamos Lula. A ganar la segunda vuelta.

Mariana Rabanal

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