Juan Cruz Sanz, presidente del Club Bancruz de Río Gallegos, disparó contra el proyecto de Sociedades Anónimas Deportivas y reivindicó el fútbol de barrio en una audiencia convocada por la diputada Marcela Pagano.
La convocatoria fue de Marcela Pagano. La única diputada nacional que hasta ahora se tomó el trabajo de presentar proyectos concretos en defensa de los clubes de barrio. Y en ese marco, el viernes, habló un hombre que vino desde el sur. Desde Río Gallegos. Más cerca del Polo Sur que del Congreso.
Juan Cruz Sanz es presidente del Club Bancruz y lleva veinte años en el periodismo político argentino. Cuando agarró el micrófono no hubo preámbulo, no hubo protocolo. Hubo verdad con acento patagónico y nombres propios.
«El negocio disfrazado de solución»
Sanz fue al hueso desde la primera línea. Dijo que al fútbol argentino se le vende modernidad y eficiencia con el entusiasmo de gente que nunca pisó una cancha de tierra. Que lo que le falta al pibe de doce años que cruza tres barrios para entrenar no es un fondo de inversión que lo descubra, lo valorice y cuando deje de rendir lo liquide.
«Eso es lo que algunos llaman progreso», dijo. «Yo lo llamo exactamente lo que es.»
El palo a Santiago Caputo
Sin bajar el tono, el dirigente apuntó al operador político del gobierno. Le dijo, en la cara, que nunca en su vida estuvo cerca de un pobre. Que no conoce un vestuario sin agua caliente ni a una madre que lleva a su hijo a entrenar caminando cuarenta minutos porque no tiene para el colectivo. Que su mapa tiene Casa Rosada, restaurantes caros y grupitos de WhatsApp donde se decide a quién destruir esa semana.
El remate fue simple y fue el que más quedó resonando: «La foto dura no asusta al que ya conoció el frío de verdad. Y en el sur, el frío es en serio.»
Santillán
Para la diputada Juliana Santillán, promotora de las SADs desde el oficialismo, Sanz no guardó munición. La acusó de legislar sobre lo que no conoce, con la autoridad moral de quien nunca pisó una cancha y la preparación técnica de quien nunca vio un partido completo.
Pero no paró ahí. «Lo que me indigna no es su ignorancia», aclaró. «La ignorancia se cura. Lo que me indigna es la soberbia con que la exhibe. La ligereza con que habla de destruir lo que otros construyeron toda una vida.»
La defensa de Toviggino
El momento más político del discurso llegó cuando Sanz salió a defender a Pablo Toviggino, vicepresidente de AFA y eje de una campaña mediática que el dirigente conoce de cerca.
«Ha construido durante años una estructura federal que sostiene el fútbol del interior cuando el interior no le importa a nadie», dijo. «Conoce el fútbol que no sale en la tele. El de las canchas sin césped sintético, los viajes de doce horas en micro, los árbitros que cobran en efectivo y gracias.»
Y sobre el ataque coordinado que recibe: «Cuando alguien así es atacado con esa saña, uno no puede evitar preguntarse a quién le molesta que el fútbol federal tenga un defensor. Las respuestas no son difíciles. Solo hay que seguir el dinero.»
El cierre
Sanz terminó con una imagen. No con un dato, no con una estadística. Con una imagen.
Son las seis de la tarde en Río Gallegos. Hace frío. Viento lateral. Una cancha de tierra con arcos sin red y líneas de cal ya borradas. Un técnico con las manos en los bolsillos porque no tiene guantes. Una madre con el mate desde atrás del alambrado. Un pibe que en ese potrero del sur del mundo se siente parte de algo.
«Ningún fondo de inversión ha llorado jamás un descenso. Ningún accionista ha cantado jamás en una popular. Ningún directorio ha velado jamás a un socio que fundó el club.»
La sala quedó en silencio.
Juan Cruz Sanz es presidente del Club Social y Deportivo Bancruz de Río Gallegos y periodista político con veinte años de trayectoria en medios nacionales.
