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EL MUNDO VIBRA Y LA ARGENTINA TIEMBLA

La tensión de los mercados globales y los malos datos que viene mostrando la economía local provocaron un último lunes de setiembre muy complicado. Afuera las tasas de EE.UU. suben a niveles insólitos, el dólar global sube y casi todos los commodities se debilitan. Y en la Argentina la debilidad es mucho mayor. El BCRA pierde reservas. Con una licitación de deuda aprobada, pero algo más cara, los bonos bajan, el riesgo país sube al mayor nivel en 6 meses. Y la Bolsa porteña cae al menor nivel desde la elección de octubre pasado.

Mientras por cuestiones geopolíticas sin solución están soplando cada vez con más fuerza en el mundo vientos con la potencia de los Monzones, los Alisios y hasta el Zonda, la situación financiera internacional sigue mostrando inestabilidad y dudas, al tiempo que en la Argentina (que en la fábula de los tres chanchitos tiene la casa de paja) lo que afuera es vibración a nivel local es temblor.

Con rojos fiscales y deudas sobre PBI cada vez más altas en los países centrales, el encarecimiento de la energía, por la suba del petróleo, está generando alta inflación internacional y eso provoca que las tasas de interés escalen a los niveles más altos desde 2004. Y, con ese costo, las naciones que nunca defaultearon se inclinan, pero los que tienen más prontuario en ese sentido directamente se doblan.

Y a nivel local, con un Gobierno que viene aplicando desde hace tres años una estrategia de estabilización, en buena medida anclando al dólar, con superávit fiscal, ajuste, baja emisión y apertura de la economía, se sabe que hay unos pocos sectores que ganan dinero, pero las áreas que tradicionalmente contienen el 70% del empleo no sienten ningún derrame de ese gran superávit comercial y los hogares empiezan a mostrar esa dura imagen de «sin pan y sin trabajo».

En ese sentido, la Universidad Di Tella, que desde hace mucho tiempo mide la confianza en los Gobiernos, acaba de advertir que en septiembre la credibilidad de la administración Milei cayó 5,9%, ubicándose en el nivel más bajo desde que LLA entró a la Casa Rosada en diciembre de 2023, con una curiosa particularidad: el índice general de confianza dio 1,94 unidades, pero los hombres respaldan al Ejecutivo en 2,19 puntos y las mujeres en apenas 1,62 unidades, con una brecha de 0,57 puntos entre ambos.

Frente a esto, mientras las tasas largas de EE.UU. queman (hoy se pagó un insólito 5,6% anual a 30 años, algo no visto desde 2002), hay huida generalizada del riesgo en todas partes. Con eso, subió el dólar global contra todas las monedas, bajó Wall Street, perdieron valor el oro, la plata y las criptomonedas, retroceden los bonos en casi todas partes, pero lo que más sufre de todos, lejos, son los títulos argentinos.

Mientras el dólar global sube, a nivel local el equipo económico sigue anclando el dólar mayorista, al tiempo que hubo subas leves, nada importantes, en el blue y en los dólares financieros. Pero mientras el BCRA compra muy pocos dólares y pierde muchas reservas, los bonos argentinos retroceden y el riesgo país salta al mayor nivel en seis meses. Pero, particularmente, la que más sufrió fue la Bolsa de Buenos Aires, que cayó al peor nivel desde la elección de medio término de octubre pasado, con una caída en bloque de hasta el 7% para las ADR argentinas en NY.

La causa que hace volar la casa de paja de la Argentina es explicada por los expertos en la desaceleración de la economía, en el crecimiento de la pobreza y el desempleo. Y, con un riesgo país cada vez más alto, en el desafío de grandes deudas por venir, no tanto este año, sino en 2027 y 2028. Además, en los próximos 15 meses vence deuda en pesos por el equivalente a US$ 113.000 millones, y quemados con la experiencia del reperfilamiento de Macri-Lacunza en 2019, muchos ahorristas ven un bono y lloran.

Y hoy mismo se vio el resultado de la reacción de los inversores locales, ya que hubo una licitación de deuda en pesos en la que vencían 8,6 B. Y, con 3302 ofertas, Economía pudo rolear todo lo que vencía, con papeles que en todos los casos vencen pronto, dentro de este mandato, pero con una particularidad incómoda, ya que pudo renovar, pero tuvo que pagar una tasa de interés que se ajusta a la inflación pasada (30% anual), por lo que en esta jugada los inversores sofisticados dejaron de lado la expectativa de una inflación más cercana al 20% anual para el próximo año.

De hecho, en la licitación de hoy un tercio del dinero captado fue a tasa variable (TAMAR) del 30,84% anual, otro tercio fue a tasa fija del 29,36% anual, un 20% fue atado al dólar con una sobretasa de entre 7,4 y 9% anual, y solo el 12% fue colocado en papales atados a la inflación, con una renta prometida de CER más 5,97% anual.

En detalle, el 34% de lo colocado fue en un bono del tesoro nacional en pesos a tasa TAMAR con vencimiento 30 de julio de 2027 (TML27 – reapertura), el 33% en un bono del tesoro nacional capitalizable en pesos con vencimiento 15 de enero de 2027 (T15E7 – reapertura), el 14% en una letra del tesoro nacional vinculada al dólar estadounidense cero cupón con vencimiento 30 de octubre de 2026 (D30O6 – reapertura), el 12% en un bono del tesoro nacional en pesos cero cupón con ajuste por CER vencimiento 31 de mayo de 2027 (TZXY7 – reapertura) y apenas el 8% restante en una letra del tesoro nacional vinculada al dólar estadounidense cero cupón con vencimiento 30 de noviembre de 2026 (D30N6 – reapertura).

¿Qué está pasando? Con la idea de que el alto crecimiento de la energía, la minería y el campo no derraman para que haya un avance en la economía real, los ahorristas empiezan a comprobar que cada vez más analistas proyectan un crecimiento anual del PBI cada vez más escuálido, con creciente chance de recesión. Y, además de saber de memoria que el Gobierno no tiene acceso al crédito voluntario internacional, empieza a temerse que el crédito voluntario local también empiece a escasear, con posibilidad de que haya una dura corrida cambiaria a medida que se acerquen o las PASO (si es que se hacen) o la elección presidencial de octubre de 2027.

Hoy quedó aún más patentizado que el crédito global es prohibitivo. Las tasas largas de EE.UU. subieron a su mayor nivel en 22 años: se pagó 4,5% anual a 1 año de plazo, 5% anual a 5 años, 5,2% anual a 10 años y 5,6% anual a 30 años. Y, como búsqueda de refugio, en el exterior el dólar subió contra casi todo. Tuvo un aumento del 1,6% en México, 0,8% en Brasil, 0,6% en Chile, 0,4% en Suiza, 0,2% contra el euro y 0,1% en Japón, no cambió en China y bajó 0,1% contra la libra.

En el mercado cambiario local, mientras tanto, la dupla Caputo-Bausili sigue operando con bonos atados al dólar y con contratos futuros. Y mientras el blue y los dólares financieros subieron apenas, el dólar mayorista siguió completamente anclado, buscando que con ese mástil se logre que la inflación se siga desacelerando (aunque las consultoras estiman que el IPC de septiembre estará en la zona del 1,9/2%, por encima del 1,7% de agosto).

Con ese contexto, con el dólar oficial a $ 1550,12, el BCRA compró US$ 11 M en el mercado local, pero, esencialmente por la caída del oro, al final del día, la autoridad monetaria perdió reservas por US$ 269 M. Y así, el dólar oficial subió $ 5 hasta $1550,12, el dólar blue subió $5 hasta $1565, el dólar senebi subió $2,76 hasta $1552,98, el dólar mep subió $4,29 hasta $ 1556,69 y el contado con liqui subió $7,39 hasta $1629,90. Por lo que la brecha entre el oficial y el blue fue del 1% y la brecha entre el ccl y el mayorista fue del 7%.

Donde hubo una noticia si se quiere positiva fue en los bancos, ya que, con el dólar anclado, las entidades aplicaron un leve paso atrás para las tasas de los plazos fijos: por plata chica se siguió pagando 20,1% anual (16% en bancos grandes y 23% en bancos chicos), mientras que por plata grande el premio bajó de 26,5 a 26,3% anual.

Donde hubo un sacudón fue en los títulos públicos. Con bajo volumen, los bonos argentinos cayeron 0,3% promedio (pero hubo papeles que perdieron hasta 5%) por lo que el riesgo país subió otras 19 unidades, hasta 628 puntos básicos, el mayor nivel de los últimos 6 meses (desde fines de marzo).

En papeles privados no se salvó casi nadie. Hubo otra rueda en rojo en la Bolsa de Nueva York, ya que el Dow cedió 0,7%, el S&P perdió 0,8% y el Nasdaq achicó 0,9%. En tanto que la Bolsa de San Pablo bajó 0,3% y la Bolsa de México cedió 0,1%.

Pero, por lejos, el mercado bursátil que más sufrió fue el argentino. Con $ 128.472 M operados en acciones y $ 353.802 M en cedears, la Bolsa de Buenos Aires se hundió 3,3%. Mientras que las ADR argentinas en NY anotaron una caída en bloque del 1 al 7% para Cresud, Telecom, Bioceres, Edenor, BBVA, Galicia, Supervielle, Macro, IRSA, TGS, Mercado Libre, YPR y Pampa E.

Finalmente, en commodities, esta vez el escombro no vino tanto del petróleo, sino de la reacción en el resto de los valores. El crudo subió apenas 0,2%. Pero los metales preciosos tuvieron un marcado descenso, que superó el 5% para la onza de plata. Los metales básicos también estuvieron débiles. En Chicago todos los granos bajaron, con más fuerza para la soja y el trigo. En Rosario también hubo merma en las cotizaciones, con descenso fuerte para el girasol y la soja, y bastante menor en el trigo. Y, por último, el bitcoin bajó 0,4% con clima mixto en el resto de las criptomonedas.

¿Cómo sigue esta película? La incertidumbre es total. No hay ningún indicio de solución entre EE.UU. e Irán. Sigue aumentando la tensión entre Rusia y la Unión Europea. Las tasas de interés mundiales (las deudas públicas y los déficits fiscales) están en un complicado callejón. Y el próximo domingo se vota en primera vuelta en la Presidencial de Brasil. Y en cinco semanas se verá si Trump logra comprar a los norteamericanos con US$ 5000 por cabeza, o si pierde mayorías en el Senado y en la Cámara de Representantes. ¿Lo argentino? Todavía quedan 13 meses hasta la elección, si es que las PASO no vuelven a provocar un desparramo, como pasó en 2019, cuando Alberto dijo: «vamos a revisar la deuda».

El Economista

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