| Con qué se comen esas salchichasSi juntás la información que se ve en los gráficos surgen dos cosas: casi todos los rubros de la recaudación caen, menos tres, de los cuales hay dos que pesan poco y nada, Combustibles y Bienes personales (cuya alícuota el gobierno serruchó), y uno que se lleva toda la marca, Ganancias.La principal razón por la cual la recaudación creció fue el salto monumental que pegó la liquidación de ese impuesto. Sucede que el vencimiento anual correspondiente a sociedades cae en esta época del año y además justo tocó comparar contra una base anormalmente baja.La cosa es así. Durante un año cualquiera, las empresas van pagando anticipos de Ganancias en función de lo ocurrido en el ejercicio anterior. Cuando termina el año, hacen una declaración jurada y calculan cuánto deberían pagar. Si lo que ya adelantaron no alcanza, les queda un saldo que deben cancelar.En mayo del 2026 venció el saldo asociado al cierre del 2025. La base era baja porque en el ejercicio anterior, el del 2024, las empresas habían anticipado mucho. Y lo hicieron porque el año 2023 se fijó la obligación de realizar un anticipo extraordinario.Te lo pongo en números para que se entienda un poco más. Imaginá que durante el 2024 las empresas anticipan pagos de Ganancias por 90 pesos, cuando debían pagar 100 pesos. Cuando llegó mayo del 2025, debieron pagar 10 pesos de diferencia. Si durante el 2025 las empresas anticiparon 50 pesos y sus ganancias no cambiaron, entonces en mayo del 2026 tienen que pagar 50 pesos. La liquidación de mayo se multiplica por 5 (de 10 a 50), pero las ganancias de las empresas no. Lo único que cambió es cómo se distribuyeron los pagos del impuesto a lo largo del tiempo.El perro que no ladróMuchas veces lo más interesante es aquello que no pasa. Si entran a una casa y asesinan al dueño, la pregunta más relevante es por qué su perro no ladró. Spoiler: seguramente porque conocía al asesino.Lo más llamativo, luego del número “inflado” de la liquidación de ganancias de empresas son los ítems que no crecen, como los Derechos de Exportación (mientras tenemos un boom de comercio exterior, el Gobierno bajó las alícuotas a la soja, trigo y el maíz) y los aportes a la seguridad social que, junto con el IVA y el Impuesto al Cheque, te marcan el pulso de la actividad económica: si crecen (en términos reales) indican que la cosa se mueve, si caen, que la calle no viene tan bien.El IVA es el impuesto que más fielmente sigue al consumo cotidiano. Cada vez que comprás algo, parte de esa plata va al fisco vía IVA. Si el IVA cae en términos reales, significa que el consumo se está enfriando, a contramano de lo que sugiere el relato oficialista.En mayo, el IVA neto cayó 8,1% en términos reales interanuales. Es la tercera caída consecutiva. El IVA impositivo –el que mide lo que se factura en el mercado interno– bajó 3,1% real. El aduanero –que refleja las importaciones– se desplomó 18,7% real.Mismo mensaje desde otro ángulo: la seguridad social, que depende de los salarios formales del sector privado, cayó 4,6% real. El Impuesto al Cheque –que captura el movimiento de dinero en cuentas bancarias– bajó 3,7% real. Todos los impuestos que siguen la actividad económica real están en rojo.Hacia un país sin impuestosEl dato de recaudación se debe leer así. Los números mejoran pero la calle todavía no. Esto pone en jaque la política fiscal del gobierno, en un contexto en donde los ajustes caen sobre la parte más delgada del hilo y nos acercamos hacia las elecciones presidenciales de 2027.Ahora ponete en los zapatos de alguien que tiene que decidir si invierte en pesos o compra dólares. Las mayores chances de que Javier Milei no logre la reelección aumentan las probabilidades de un cambio (aunque no sea radical) de política económica, que incluso el propio presidente podría querer impulsar para mejorar sus perspectivas electorales. Esto, querida persona que lee, se transforma en mayor incertidumbre y es una fuente de tensión sobre la política fiscal, monetaria y cambiaria del Gobierno.Quiero cerrar con una impresión adicional sobre el contexto en el que se da esta caída de la recaudación. Mientras el FMI le pide al gobierno que recaude más y mejor los impuestos que ya cobra, para sostener el superávit fiscal, el gobierno coquetea peligrosamente con incentivos variopintos para que no paguemos impuestos; o mejor dicho, para que los más ricos (y sus empresas) no los paguen.Como te decía, para bailar el tango se necesitan dos. Si los impuestos no bailan al compás del 2×4 del equilibrio fiscal, el Gobierno querrá que lo haga el gasto. A esta altura, casi todo lo que se pueda recortar ya no es ni sensible, ni muy sensible, ni hipersensible: es ultrasensible. |