Los familiares, vecinos y amigos de la chica de 14 años asesinada en Córdoba realizaron marchas para reclamar justicia. Hubo enfrentamientos con la Policía.
La confirmación del hallazgo de los restos de Agostina Vega provocó una explosión de dolor y furia en el norte de la ciudad de Córdoba. Lo que durante una semana había sido una búsqueda marcada por la incertidumbre derivó en una pueblada que terminó con quema de gomas, pedradas y enfrentamientos con la policía.
Desde las primeras horas en que comenzó a difundirse la peor noticia, familiares, amigos y habitantes del barrio General Mosconi se congregaron frente a la vivienda de la adolescente, ubicada sobre la calle Alem al 3700. Muchos de ellos llegaron con los mismos carteles que habían exhibido durante las movilizaciones organizadas para reclamar por su aparición.
Mientras afuera crecía la indignación, dentro de la casa familiar predominaba una escena de profundo dolor. Entre lágrimas y abrazos, una de las tías de la joven cuestionó el accionar de las autoridades y expresó: «Nadie nos escuchó. No hicieron nada. Cuánto se tardaron».
La bronca rápidamente trascendió el ámbito familiar. Los manifestantes apuntaron sus críticas contra Claudio Barrelier, único detenido en la causa, pero también contra las fuerzas de seguridad y el Gobierno provincial por la forma en que se desarrolló la búsqueda. Los cuestionamientos se concentraron especialmente en la demora para activar la Alerta Sofía.
«Les importó más un partido de fútbol que la desaparición de una chica», sostuvo una vecina, en referencia a la final que Belgrano le ganó a River. Otros asistentes elevaron aún más el tono de los reclamos con amenazas como «vamos a prender fuego todo», en un clima cada vez más tenso que llevó a varios comerciantes de la zona a cerrar sus negocios antes del horario habitual por temor a incidentes.
La situación de la madre de Agostina, Melisa Heredia, sumó otro componente dramático a la jornada. La mujer no participó de las concentraciones debido a una grave descompensación que obligó a su internación. Según informó su abogado, Carlos Nayi, permanece «en terapia intensiva, con un cuadro de deshidratación severa, hipertensión y algunas complicaciones orgánicas», razón por la cual aún no había sido informada oficialmente sobre la muerte de su hija.
El dolor de vecinos y compañeros de escuela
El impacto de la tragedia también se reflejó entre los vecinos y compañeros de escuela de la adolescente. Varias madres del barrio se acercaron para acompañar a la familia y resumieron el sentimiento general al afirmar: «Tenemos el corazón roto».
Entre los jóvenes que compartían clases con Agostina predominaba la conmoción. Uno de ellos la recordó diciendo que «Agos era buena onda; medio quilombera, pero buena onda», mientras que otra compañera remarcó: «Haya sido lo que haya sido, no merecía morir. Tenía 14 años, toda la vida por delante».
Las repercusiones alcanzaron además a los ámbitos judiciales y políticos. Durante una conferencia de prensa realizada en Tribunales II, el fiscal Raúl Garzón y el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, protagonizaron momentos de tensión con periodistas que reclamaban explicaciones sobre las decisiones tomadas durante los siete días que duró la búsqueda.
Enfrentamientos con la Policía
Con el correr de las horas, la protesta se trasladó hasta el Destacamento Policial Juan Pablo II. Allí se registraron los episodios más violentos de la jornada, con ataques a pedradas contra el edificio policial. La respuesta de los efectivos incluyó el uso de gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a los manifestantes.
En medio del caos y las corridas, Miguel Heredia, abuelo de la adolescente, expresó su devastación por el desenlace del caso. «No esperaba esta noticia, es la peor que pudimos recibir en nuestra vida», señaló. Luego aseguró que continuará reclamando hasta que se esclarezca lo sucedido: «Voy a seguir marchando hasta que tenga la justicia que necesita mi nieta. A mi nieta me la mataron. Quiero que caigan todos los que tengan algo que ver con su muerte».
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