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ERROR AL POR MAYOR

¿Viste que muchas veces sentís que los precios de lo que consumís suben más rápido que la inflación que publica el INDEC? No estás solo. Pero tampoco necesariamente tenés razón. Esta semana arrancamos por ahí: por qué la inflación que sentís y la que miden son distintas, y por qué esa diferencia importa. También vamos a derribar un mito muy difundido: que los precios mayoristas anticipan a los minoristas. Hasta Milei se lo creyó, le pifió en el pronóstico de inflación de marzo y esos errores, en un proceso de estabilización, pueden salir caros.

La inflación es un bicho duro de domar. Ningún país lo sabe mejor que Argentina. Una vez que se despierta, no volverá a descansar a menos que la fuercen a ello. Tampoco hay recetas mágicas para arrullarla.Pero sí hay algo que todos los planes de estabilización comparten: la importancia de la credibilidad. Si el Gobierno promete cosas que no pasan, las expectativas no se alinean y la inflación no cede.En ese terreno, Javier Milei viene jugando fuerte. Hace meses que anticipa que la inflación mensual va a empezar con 0. Incluso llegó a sugerir que podía ser 0 en agosto, algo que no ocurre ni en las economías más estables del mundo.Doble filoJugar así de fuerte es un arma de doble filo: si se acierta, se gana credibilidad y se puede influir mejor en las expectativas; si no se acierta, sucede lo contrario. Con la credibilidad resentida, es necesario apelar a otras herramientas para compensar.Y todas estas — a diferencia de la credibilidad — tienen costos: reducción de los salarios y del consumo, atraso cambiario que afecta la competitividad o atraso de tarifas que impacta en las cuentas fiscales vía subsidios.El último pifie de Milei fue más concreto. Dijo que la inflación minorista de marzo iba a bajar porque la mayorista de febrero había dado menos de 1%. Pasó lo contrario: la inflación minorista subió de 2,9% a 3,4% y encadenó su décima suba mensual consecutiva. Y hubo un dato todavía más llamativo: la mayorista también dio 3,4%.Entonces, ¿qué pasó? ¿La mayorista anticipa a la minorista? ¿O ahora la minorista anticipa a la mayorista? Spoiler alert: ninguna de las dos.Inflación personal vs inflación oficialAntes de meternos en esa relación, vale aclarar algo. El INDEC mide la inflación a partir de una canasta de consumo representativa del promedio de los hogares. Releva precios y calcula un promedio ponderado.Sin embargo, es muy común sentir que “la inflación es más alta de lo que dicen”. Eso no implica que el dato esté mal. Primero, porque cada familia consume distinto. Si tu gasto está más concentrado en lo que más sube, tu inflación personal va a ser más alta que la general. Segundo, porque tenemos un sesgo bastante humano: recordamos los precios que suben y no tanto los que quedan igual.Hoy no hay evidencia de manipulación como en 2007–2015. Pero sí hay una discusión metodológica: el Gobierno decidió no actualizar la canasta con datos más recientes (2017/18) y seguir usando una estructura de consumo vieja (2004/05), con menor peso de servicios.En un contexto donde están subiendo tarifas, eso hace que la inflación oficial sea algo menor a la que surgiría con una canasta más actualizada. Y tu consumo se parece más a esta última.Mayorista vs. minorista: dos canastas, dos mundosLa inflación minorista mide el costo de vida. Es la que define si el sueldo alcanza o no. Incluye alimentos y bebidas, ropa, alquiler, expensas, transporte, combustible, luz, gas, internet, colegio, prepaga, medicamentos, restaurantes y vacaciones.La inflación mayorista, en cambio, mira precios antes de que lleguen al consumidor. Ahí pesan más los granos, la carne para exportación, el petróleo, el acero, los químicos, los insumos industriales y los productos importados.No es sólo una diferencia de “etapa” en la cadena. Es una diferencia de qué tipo de bienes dominan cada índice. Y eso es clave porque los bienes que dominan la mayorista son, en general, transables. Esto significa que se comercian entre países: producción local que se puede exportar o que compiten con importaciones.En esos casos, los precios locales no pueden alejarse demasiado de los precios internacionales. Si un productor puede vender más caro afuera, no va a vender barato en el mercado interno. Y si un bien se puede importar, tampoco se puede cobrar mucho más caro que su equivalente externo sin que aparezca competencia.En la práctica, eso significa que el precio en pesos de esos bienes depende mucho del precio internacional y del tipo de cambio. Cuando el dólar sube, esos precios tienden a subir. Cuando el tipo de cambio se estabiliza, suelen moverse menos.La minorista también incluye bienes transables, pero tiene mucho más peso de cosas que no se comercian internacionalmente, como los servicios o los alquileres. Ahí el dólar influye menos, de manera más indirecta y con rezagos.Por eso, aunque a veces se muevan parecido, otras veces divergen. En particular, como se ve en el gráfico, ante cambios bruscos en el tipo de cambio, la mayorista sube primero y con más intensidad. En cambio, con estabilidad cambiaria, suele ubicarse por debajo de la minorista.En resumen, repitan conmigo: la inflación mayorista no anticipa la minorista.
 Inflación mayorista y minorista
Fuente: elaboración propia con base en datos de INDEC y BCRA
El problema de usar mal los datosA Milei le gusta mirar la inflación mayorista. Le sirvió para mostrar una herencia más dramática y después una baja más rápida.En diciembre de 2023, la mayorista dio 54% mensual (contra 25,5% de la minorista). Ese dato permitió hablar de una inflación “corriendo al 17.000% anual”, en línea con un argumento que ya había usado José Alfredo Martínez de Hoz en 1976 al asumir como ministro de Economía del represor Jorge Rafael Videla.Pero el cálculo es engañoso. Anualiza un dato excepcional, fuertemente explicado por la devaluación inicial del propio gobierno. Después de ese salto, el mismo plan económico estableció que el tipo de cambio oficial aumentaría 2% por mes, muy por debajo de la inflación minorista. Así, la mayorista se situó también por debajo. Es decir, no había ninguna dinámica de 17.000% sostenido. Era una extrapolación de un momento puntual.Y hay un problema adicional: cuando se hacen pronósticos como el de que la inflación de marzo iba a bajar –o que pronto iba a estar por debajo del 1%, incluso en 0– y después no se cumplen, la credibilidad se resiente.Y sin credibilidad, como decíamos al principio, es mucho más difícil coordinar expectativas y bajar la inflación. Quedan entonces las otras herramientas, esas que tienen costos tangibles. Entonces, ¿qué sí anticipa la inflación?Si la mayorista no sirve como brújula, la pregunta es inevitable: ¿qué mirar? En Argentina, la inflación tiene una fuerte inercia. Tiende a parecerse a la de los meses anteriores porque buena parte de la economía se ajusta mirando para atrás. No sólo contratos, salarios y listas de precios: también jubilaciones y planes sociales se actualizan por ley en función de la inflación pasada, lo que ayuda a que la dinámica se perpetúe.Pero esa inercia no actúa sola. Sobre esa base se suman –o se restan, según el caso– shocks que pueden mover la aguja en el corto plazo: variaciones del tipo de cambio, aumentos de tarifas, dinámica de salarios o cambios en los precios internacionales, especialmente de la energía y los alimentos. Pensar la inflación como la combinación de estos elementos permite tener una guía más útil que mirar un solo indicador aislado.Con ese marco, es razonable esperar que la inflación de abril sea menor que la de marzo.Algunos de los factores que empujaron el dato del mes pasado no están presentes ahora. El shock energético asociado al cierre del Estrecho de Ormuz impactó en marzo, no en abril. Al mismo tiempo, el tipo de cambio se mantuvo relativamente estable y los salarios vienen corriendo por detrás de los precios, lo que tiende a moderar la dinámica. Los aumentos de tarifas no son tan fuertes como para revertir estos efectos.No es una predicción exacta. Pero es un enfoque bastante más sólido que tratar a la inflación mayorista como si fuera un oráculo.Para no confundirse (ni confundirte)Que la inflación mayorista y la minorista den lo mismo en un mes puede pasar. Pero es una coincidencia. No hay una que anticipe a la otra. Y no hay atajos para prever la inflación que realmente importa. Porque la inflación que te importa, al final del día, es la minorista: la que pagás. Así que la próxima vez que alguien use la mayorista como termómetro del bolsillo, no saques conclusiones apuradas.Que la inflación de abril sea menor que la de marzo es probable. Pero que la inflación de agosto empiece con 0, como prometió Milei, no.La distancia entre lo que se promete y lo que ocurre tiene un nombre: pérdida de credibilidad. Y esa pérdida no es cosmética: hace más caro y más doloroso el camino hacia la estabilidad.Mejor agarrá la billetera.

Guido Zack | Cenital

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